Red de colaboradores

Si disponéis de 5 minutos os invitamos a colaborar en el estudio que estamos haciendo pinchando en el enlace dentro de la pestaña CUESTIONARIOS. Todas las personas interesadas en formar parte de la red de colaboradores ponganse en contacto indicándonoslo a través del mail: emocionarse@gmail.com

Si además os interesa compartir reflexiones sobre cómo mejorar nuestras emociones en la pestaña RED hay una propuesta interesante a la que os podéis sumar.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Frustración y decepción ante las lesiones deportivas


Conversación sobre la importancia de gestionar emociones como la frustración y la decepción a las que se enfrentan los deportistas cuando deben hacer frente a las lesiones o a la falta de resultados. Una colaboración con Alberto Montero, entrenador personal.

Os dejo un enlace a una entrada de hace algunos años sobre el tema: http://entrenando-emociones.blogspot.com.es/2011/03/la-frustracion-en-el-deporte.html

lunes, 29 de agosto de 2016

Actitud positiva para resolver problemas y conflictos

Actitud positiva
Voy directo al grano, sin anestesias, sin florituras. Voy a presentar mis argumentos a favor de la actitud positiva. Tal vez haya a quien le parezca innecesario pero es creciente el número de artículos que critican lo positivo. Para muestra un botón:

- Una de las varias polémicas entre psicólogos españoles sobre la psicología positiva titulada "Mitos sobre la psicología positiva, maniobras engañosas y pseudociencia"
- Una visión académica sobre las falsedades del pensamiento positivo.
- Una entrevista a Barbara Ehrenreich, autora del libro "Sonríe o muere"


¿Qué es la actitud positiva?

Una actitud es una predisposición a actuar de una determinada manera. La actitud positiva sería entonces una manera de afrontar los hechos de la vida caracterizada por querer buscar activamente soluciones, proponer cambios y acciones, o sencillamente pensar o sentir que el desenlace de un acontecimiento va ser globalmente favorable para los intereses que nos importan.

Es evidente que la actitud positiva genera pensamiento positivo y optimismo, pero también está vinculada con emociones positivas como la esperanza, la ilusión o el entusiasmo. Lo que sucede es que se trata de algo más que la suma de todos estos factores, es una estrategia de afrontamiento para la vida.


¿Podemos elegir nuestra actitud?

Ser inteligente implica ser positivo
Creo que este es uno de los meollos de la cuestión. Navegamos en un confuso mar de pensamientos y emociones que nos sitúa en posiciones determinadas. Si yo pienso que no puedo realizar una tarea y he tenido experiencias previas que me han hecho sentir fracaso, mi actitud será negativa y evitaré la tarea. Pero paradójicamente hay personas que cuando suman a la ecuación anterior una buena dosis de motivación (tanto por la tarea como por la búsqueda de logro) y procesan el fracaso no solo desde una perspectiva de dolor o insatisfacción, en vez de una actitud negativa se sitúan delante de la tarea con una actitud positiva.

¿Quiere decir que podemos elegir SIEMPRE nuestra actitud? La respuesta es NO. La actitud es un modo de situarse ante algo, por lo que no siempre podemos elegir cuestiones como donde estoy, el papel que juego, el impacto emocional que siento...

¿Quiere decir, entonces, que NO PODEMOS elegir nuestra actitud? Pues TAMPOCO. La intensidad de la emoción puede afectar, entre otras cosas, a nuestra percepción, a nuestra capacidad de razonar y de tomar decisiones, a nuestra energía. La clave es que ELIJAMOS la actitud positiva SIEMPRE QUE NOS SEA POSIBLE.


Ser inteligente implica ser positivo

Ser inteligente implica ser positivo
Bueno, vale... Positivo cuando las tormentas lo permiten, cuando las circunstancias no imponen condiciones dramáticas o emocionalmente intensas. Recuerdo llorar al escuchar "Carros de fuego" mientras corría una maratón. Las lagrimas aparecieron y la respiración se me alteró. Malas compañeras de viaje para el corredor. Tan solo tuve que esperar a que la emoción se disipara y retomar el ritmo de carrera, mi estrategia y, en definitiva, todo aquello que me permitió finalizar la prueba y conseguir mejorar mi tiempo.

De la misma manera que creo que la inteligencia emocional debe promover la colaboración, me parece que ser positivo es una señal más de inteligencia. Aunque nadie diga que debamos de serlo 24 horas al día, ¿verdad?

domingo, 15 de mayo de 2016

(Re)Generadores de energía organizacional, un nuevo empleo para el futuro.

Me gusta mucho leer acerca de lo que otros aventuran sobre el futuro que nos espera. Parte de la conversación radica en el cambio en el mundo laboral que traerá consigo nuevos puestos que a veces son difíciles de imaginar. Hoy me he levantado mitad inspirado mitad envalentonado y me voy a dejar llevar por mi particular lectura de lo que deseo y creo necesario para las organizaciones del siglo XXI. Voy a proponer una nueva figura profesional: el (re)generador de energía organizacional.


Tres niveles de energía de las personas que atender en las organizaciones.

Imagino que, como yo, casi todos los lectores salen de casa después de haber chequeado la batería de su teléfono móvil. Tal vez también la de su ordenador, la de su tablet, y quien sabe de cuántos instrumentos tecnológicos más. Lo hacemos porque sabemos que sin energía no funcionan, verdad? Perfecto!!! ¿Pero quien se encarga de la energía de las personas y la de las organizaciones de las que forman parte? Tradicionalmente se entiende que las personas nos recargamos durmiendo o cogiendo vacaciones y no hemos avanzado más. Por contra sabemos que hay contextos laborales tóxicos, o cuanto menos estresores, que consumen con más velocidad la energía de las personas. Sabemos que hay dinámicas laborales que generan obstáculos adicionales a la dificultad de las tareas que afrontan las organizaciones. ¿Quien se ocupa de esto? ¿La energía de las personas no es tan importante como la de las herramientas con las que trabajamos?

Si estamos de acuerdo con que debemos atender nuestras propias baterías hay dos preguntas que hay que hacerse inmediatamente. La primera es cual es la energía de las personas. Y la segunda es cómo se recarga.

La personas necesitamos de varios tipos de energías diferentes. No es tan sencillo como dormir o comer. Es evidente que eso es imprescindible, como la gasolina para el coche. Pero debemos vigilar y atender otros niveles que permiten que el motor no se gripe. Hay un segundo nivel de energía que es la remuneración o cualquier otro motivador externo. Hemos pasado décadas, incluso siglos, pensando que las recompensas económicas eran la base de la motivación. Pero también sabemos que cada vez más esto ya no es suficiente. La tercera energía es la emocional. Y en este punto me gustaría señalar que hablar de emociones y no de motivación es un salto cualitativo.

¿Cómo recargamos la energía organizacional?

Ya adelanto que la cosa no va de cargadores convencionales, aunque sí de la preocupación por recargar así como de disponer de los elementos necesarios para hacerlo. Para empezar hay dos vías que considerar: la de la propia organización y las de las personas.

- Recarga estructural. En este caso hablaríamos de todos aquellos elementos propios de la estructura que permiten generar energía emocional positiva. Podéis encontrar muchas referencias sobre ellos en el libro "El engagement en el trabajo" de Wilmar Schaufeli y Marisa Salanova. Aquí os dejo algunos de ellos:
* El feedback.
* Rotaciones en las tareas.
* Liderazgo positivo.
* El incremento de los recursos laborales.
* Desarrollo profesional y personal.
* Aumento de las emociones positivas.
* Cuidado de las relaciones sociales.

- Recarga individual. Cada uno de nosotros tenemos que saber cómo recargarnos de energía de manera autónoma. En este sentido los recursos de los que podemos tirar serían, entre otros:
* Focalización en las cuestiones relacionadas con mis fortalezas personales.
* Ejercer el agradecimiento y la apreciación de manera activa.
* Ejercer la solidaridad, realizar acciones con sentido más allá de lo obligatorio.


(Re)Generadores, una profesión con futuro.

Hablemos en serio. Una economía en la que el trabajo humano va a estar relacionado con la creatividad va a requerir de cuidar el óptimo funcionamiento de las personas. Vamos a sustituir la fuerza física que requería de espacios de descanso para recuperarse, o la dedicación manual que exigía ocio,  por la inteligencia compleja, especialmente la creatividad para la innovación. Pasaremos de ser fuerza laboral y de ser operarios a ser el valor de nuestras capacidades. Y para eso, amigos, la energía emocional va a ser trascendental. Más que Gefes (gestores de felicidad) opto por los (Re)Genermo (Regeneradores de energía emocional).

domingo, 17 de abril de 2016

(Re)Escribir tu historia personal a través de abrazos

Abrazos
Me gusta mucho la terapia narrativa. De hecho la trayectoria de trabajo con el teatro social y la improvisación hace que me sienta especialmente cómodo con esta perspectiva. Por eso me he lanzado a proponer un juego que tiene algo que ver con observar cómo construimos los relatos de nuestras vidas.

Esta idea comienza con un abrazo que Aitor me dio hace unas semanas. Era una situación especial, lo disfruté y seguí con mi actividad. Pero la verdad es que me ha dejado pensativo.

Os cuento. Conozco a Aitor desde hace unos 25 años. La vida nos unió. Nos caímos mal, luego fui su jefe, trabajamos mucho y disfrutamos mucho también haciéndolo. Luego la vida, que es así de caprichosa, quiso invertir los papeles y él fue mi jefe. En casi todas las etapas hemos pasado momentos buenos y malos. En el último año la vida nos ha separado. El abrazo era de despedida tras un encuentro. Ambos sabíamos que nuestros caminos se iban a separar definitivamente. Antes de que eso pasase hubo un pequeño favor que hacer. Su abrazo lo interpreté mitad agradecimiento, mitad despedida. No recuerdo que en 25 años nos hubiésemos abrazado, y menos así.

Ese abrazo pronto me recordó otros anteriores. Y ejercitando mi maltrecha memoria poco a poco mi mente fue poblándose de las imágenes de otros abrazos que dejaron huella en mi vida. Por eso ha sido fácil pensar en compartir mi historia personal a través de los abrazos. Por eso he pensado en jugar a contar la historia de mi vida a través de ellos.

Como ya calzo 48 años solo hablaré de algunos... Todos serían demasiados para un solo post...

Abrazos de padres e hijos.

No se cuando aprendí a abrazar pero seguro que el primer abrazo que sentí fue el de mi madre. Ella no es de muchas demostraciones de afectos pero yo juego con los míos para seguir alimentándome de los suyos. También recuerdo los primeros instantes de cada uno de mis hijos en mis brazos. Me resulta tan difícil pensar en abrazos más deseados... Una vez que van creciendo los abrazos tienen, a veces, apellidos y por eso hay abrazos de perdón, de te he echado de menos un montón, de aleja de mi estas pesadillas, o tan simples como para dar las gracias. Hay también una modalidad que practico mucho que es la de jugar a abrazos donde cada cual solo da y recibe abrazos de todos los tamaños y colores con la única misión de disfrutar de ellos.

Abrazos de amores.

Tu historia a través de abrazos
He amado mucho y en cada amor hay una colección de abrazos dignos de un capítulo. No se porqué pero tengo más vivos los primeros abrazos, casi siempre obtenidos instantes después de saber que el amor que me desbordaba a mi también lo hacía a ella. En el amor recuerdo abrazos desesperados, señalando la proximidad de algunos abismos, o tan solo de despedidas no siempre deseadas completamente. En el amor hay también un pequeño número de abrazos furtivos, aquellos dados y/o recibidos con un amor inconfesable, disfrazados de cualquier otra cosa. Quedan los abrazos de la pasión, deudores de cada una de las veces que he deseado fundirme con otra persona, con otro cuerpo.

Abrazos anónimos o no tanto...

Tal vez los párrafos anteriores son los previsibles. Pero el resumen de mi vida de abrazos no estaría completo sin los abrazos casuales, los más o menos anónimos. Uno de éstos podría ser el de Aitor con el que comenzaba el post. Os contaré alguno más. No hace mucho mi compañero Julian Pelacho vino a dar un curso. Su abrazo me conmovió. Hay personas como él con un grado de sinceridad y emocionalidad que es capaz de condensarla en un abrazo. No supe, pude o no me atreví a aceptarlo y disfrutarlo pero, al menos, creo que aprendí alguna lección. Mis abrazos con otros hombres me hablan mucho, la verdad. Se que me he construido a base de los abrazos que he dado y que he recibido. Todos ellos eran el medio con el que trasmitir una emoción, y son estas las que nos construyen. Abrazos de agradecimiento, de respeto, de amor, de admiración, que tranquilizan, que excitan, abrazos de amor, de ternura, de arrepentimiento....


No os dejeis engañar por las anteriores líneas. Como buen vasco no soy muy dado a demostraciones físicas de afecto, pero tengo que reconocer que por mis abrazos me reconoceréis. Solo queda invitaros a hacer este mismo ejercicio y descubrir qué historias están detrás de los abrazos que os han hecho como sois.


domingo, 3 de abril de 2016

Capacidad de ser feliz

La última entrada la dediqué a la incapacidad de ser feliz. Creo que debo explicar cómo he llegado a la certeza de que somos capaces de ser felices. Para ello solo compartiré algunas vivencias personales.
¡¡¡Puedo ser feliz!!!


La vida es dura, pero no solo es eso...

Todos enfrentamos dificultades. La felicidad no consiste en la evitación de la dificultad puesto que antes o después te encuentra. La clave es saber que la dificultad pasa y que hemos de aprender de ella. Los peores momentos de mi vida seguramente fueron con el rechazo que sufrí en la adolescencia, con amores no correspondidos, con varias rupturas amorosas de distinto tipo, con maltrato laboral, traiciones personales y enfermedades graves de personas que amo... Se lo que es pasarlo mal. Pero de la mayoría de esos problemas salí fortalecido, con nuevas lecciones aprendidas. En este contexto adquiere sentido hablar de la resiliencia que es mucho más que la simple tolerancia a la frustración.


Como llegar a ser más resiliente.

Lo primero que me pide el cuerpo es recomendar el pequeño libro de Luis Rojas Marcos "Superar la adversidad. El poder de la resiliencia". Pero, en este sentido, mi experiencia habla de dos claves.

La primera es la de vivir intensamente lo que toque, aunque sea malo. Se trata de intentar hacer todo lo que está en tus manos para que las cosas salgan como deseas. Parecerá bobo que lo diga pero para esto es necesario saber qué es lo que anhelas y, además, pelearlo hasta no poder más. Nada de esto nos asegura resolver favorablemente los problemas, tenemos que contar con la posibilidad de salir derrotados, pero lo fundamental es tener la certeza de haber hecho todo lo posible. Aunque la vida nos derrote no nos puede quitar el logro de haberlo intentado.

La segunda tiene que ver con la construcción positiva del relato sobre lo que nos pasa. La mayoría de las personas cuentan sus problemas como desgracias, incidiendo en el papel de víctima y en la responsabilidad de los demás. Esto es un error enorme. Tal y como comentaba antes, si construimos relatos en los que nuestro esfuerzo, la satisfacción por la responsabilidad asumida, comparte protagonismo con el resultado final de la historia, nuestra autoeficacia aumentará. No se trata de que mi pareja me haya dejado, o que la enfermedad me haya arrebatado capacidades importantes para mi. Se trata de poner el valor lo que disfrute con mi pareja o las capacidades que tengo para seguir viviendo.



La importancia de la magia.

Creer que es posible es básico. Mi vida se ha construido de dificultades entrelazadas con milagros. De hecho, en algún otro post ya he hablado de mi particular teoría de las señales emocionales o de la intuición. Tengo la experiencia de que lo imposible a veces pasa.  Como cuando el primer día en la universidad para estudiar económicas mi madre me pregunta si quiero hacer psicología, habían conseguido mi ingreso!!! Como cuando la vida me dio una segunda oportunidad tras un accidente casero. Como cuando un amor imposible, o varios, se hacen realidad. Como mil otros hechos más que una y otra vez me recuerdan que, aunque la mayoría de las veces que peleamos perdamos, otras se gana y hace que todo merezca la pena y tenga sentido.

domingo, 27 de marzo de 2016

Incapacidad para ser feliz

Incapaz de ser feliz
El pasado 20 de marzo se celebró el Día Internacional de la Felicidad para reclamar el derecho de todas las personas a su bienestar y a su desarrollo personal. Es verdad que hay un debate sobre la conveniencia de señalar y celebrar los "días de..." pero más allá de esto observo, desde hace mucho, resistencias de muchos tipos con respecto del concepto de felicidad.

No ocultaré mi militancia en la psicología positiva que va más allá de la adhesión a un movimiento. Desde siempre he percibido las posibilidades de los conocimientos de la psicología para ser aplicados para el beneficio de las personas. Por eso he observado con detenimiento las críticas que se hacen a la felicidad.

Desde un punto de vista académico se han lanzado críticas severas en el contexto de polémicas como las que protagonizaron Marino Pérez y Carmelo Vázquez o como las expresadas más recientemente en las páginas digitales del blog "Rasgo latente" titulado "En defensa de las personas tóxicas". Como no soy académico tan solo me limitaré a señalar que, tras leer todas estas publicaciones, no termino de observar obstáculos importantes que deslegitimen la investigación en materia de psicología positiva en general. Es más mi experiencia profesional tanto desde el punto de vista terapéutico, educativo y social sostiene argumentos suficientes en contra.

Me voy a centrar más en las objeciones a nivel de calle. Las que se refieren o bien a la dictadura de la felicidad, o bien a la intencionalidad manipuladora que esconde la búsqueda de la felicidad, así como al negocio o la moda sobre todos estos temas.

Ser feliz es una aspiración universal. Tal vez se pueda definir de distintas maneras porque a cada persona nos hacen felices cosas y situaciones diferentes. Pensar y estudiar sobre cómo alcanzar ese estado no parece tarea inútil ni poco valiosa, aun suponiendo que los resultados no fueran exitosos. Pero entonces, ¿qué molesta de este esfuerzo? La respuesta se me reveló hace unas semanas en un viaje en coche con mi compañero Rogelio Fernández. En una conversación yo le explicaba cómo determinados acontecimientos de mi vida me habían dejado como huella la evidencia de que lo aparentemente imposible puede suceder. Bien es cierto que esto nunca me ha llevado a la ingenuidad de pensar o de esperar que siempre suceda así. Pero comentaba con Roge que para mi ha supuesto una experiencia imposible de ignorar. Como aquel que un día hace un descubrimiento y constata que aun quedan cosas que descubrir, así como la magia de hacerlo.
Incapacidad para ser feliz

Es en este punto donde mi historia enlaza con el tema del post. ¿Cómo explicar el amor a quien nunca se ha enamorado?, ¿o a quien habiéndolo hecho se ha quedado en el sufrimiento de la ruptura?, ¿cómo explicar la felicidad a quien no la ha experimentado o, habiéndolo hecho, se ve más dolido por su pérdida?

La vida es difícil y en ello radica su belleza. La felicidad es un camino que, a veces, se disfruta y que permite convivir mejor con el sufrimiento. Todos tenemos la capacidad y el derecho a ser felices. Solo la injusticia, la desigualdad y la incapacidad para superar el dolor nos impiden serlo. Sinceramente creo que detrás de la crítica sistemática a la felicidad, o al anhelo de conseguirla, solo hay una declaración más o menos explícita de incapacidad para ser feliz.

martes, 1 de marzo de 2016

El lio de elegir psicoterapeuta

Skinner, padre del conductismo
Tengo que reconocer que no lo ponemos fácil. Cuando una persona tiene que buscar ayuda psicoterapéutica los profesionales parece que nos hemos especializado en ponerlo difícil. Hay muchas razones para que esto sea así y este artículo intenta explicar algunas de ellas, las que creo yo que son las más importantes.

El lío de las corrientes y/o de las escuelas.

Es muy poco serio que los psicólogos no velemos principalmente por nuestra profesión. La cuestión es que las distintas orientaciones teóricas y/o metodológicas hacen piña, en general, en torno a su corriente y/o escuela y, por ende muchas veces, contra las otras. Hay mucho psicólogo que resuelve rápido este problema proclamándose como "ecléctico", es decir, de todas y de ninguna, pero esto tampoco aporta mucha seguridad, la verdad. Desde fuera de este mundillo resulta muy difícil de entender que haya que hacer una procesión de fe en el Santo Freud, en San Lacan, San Rogers o San Skinner como paso previo a comenzar un proceso de terapia.

Karl Roger, de la escuela humanista
Desde mi punto de vista, aunque hay investigaciones que lo avalan, la clave es el terapeuta, la persona, su experiencia y honestidad, así como el dominio de algunas de las muchas herramientas que la psicología ha generado en más de un siglo de estudios sobre el ser humano.

Tengo que reconocer que yo mismo me he visto inmerso en este juego. El del ecleticismo cuando era estudiante con el que ganaba un tiempo extra antes de tener que ingresar por opción en alguna de las escuelas. El de cierto sectarismo cuando opté por una corriente que siempre me ha gustado más que las otras. Pero no hace mucho, dentro de un programa de formación de psicoterapeutas, todas estas piezas terminaron encajando tras escuchar a personas que habían pasado por procesos de terapia y a compañeros que trabajan desde otras corrientes.


La falta de marcas y referencias.

Uno de los recursos que como consumidor todos usamos en alguna ocasión es recurrir a las marcas. Nos aportan una confianza que facilita nuestras elecciones de compra cuando no tenemos demasiada información sobre las ventajas e inconvenientes del producto o servicio que necesitamos. Siempre me ha llamado la atención la falta de marcas en psicoterapia. Por ello la búsqueda de referencias individuales se convierte en el único camino. Pero incluso esta vía es compleja puesto que no es tanta la gente que ha sido atendido por un psicólogo. ¿De que manera busco terapeuta? Me temo que la mayoría de las veces es una aventura en la que uno de deja guiar por la suerte.

La tendencia a trabajar solos

Sigmund Freud, padre del psicoanálisis.
Muchos psicólogos trabajan solos. Un día deciden abrir su consulta e intentan hacerse un hueco en el mercado. Es verdad que es difícil buscar socios, que hay riesgos implícitos en el compartir proyectos laborales o empresariales. Pero el mercado termina estando excesivamente atomizado. Psicología es, además, una carrera por la que optan muchos estudiantes a pesar de las pocas salidas laborales que tiene. O sea, que por una parte tenemos muchos psicólogos, y por otra una tendencia a trabajar solos. La consecuencia es una cantidad de oferta en la que resulta muy difícil destacar. Pero la mayor parte de los profesionales siguen trabajando solos. Si observamos aquellos proyectos que más años acumulan descubriremos que, al menos, hay dos psicólogos por detrás, lo cual es para mi toda una revelación.


Algunos consejos para elegir un buen psicólogo.

Desde dentro se me ocurren algunas ideas que pueden ayudar a quien quiera comenzar un proceso de psicoterapia:

- Si no tienes referencias usa o pide una entrevista inicial que te permita conocer al profesional. Muchas veces esta sesión es gratuita por lo que no perderás nada más que un poco de tiempo.

- Busca profesionales y contrasta su experiencia en internet o en redes sociales como LinkedIn, puedes encontrar el bagaje profesional de cada uno de ellos antes de decidirte por uno.

- La orientación de cada psicólogo es una cuestión secundaria. Si estás interesado en tener alguna referencia sobre qué escuela resulta más adecuada para cada problema podrás encontrar estudios publicados sobre el tema.
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