Red de colaboradores

Si disponéis de 5 minutos os invitamos a colaborar en el estudio que estamos haciendo pinchando en el enlace dentro de la pestaña CUESTIONARIOS. Todas las personas interesadas en formar parte de la red de colaboradores ponganse en contacto indicándonoslo a través del mail: emocionarse@gmail.com

Si además os interesa compartir reflexiones sobre cómo mejorar nuestras emociones en la pestaña RED hay una propuesta interesante a la que os podéis sumar.

martes, 26 de abril de 2011

Pautas para tomar decisiones en conflictos emocionales.

Algunas situaciones conflictivas.

Tener que decidir sobre de la vida de una persona allegada que se encuentra en coma, determinar que una amistad o un amor debe pasar a ser historia en la vida de uno, decir basta y romper cuando alguien que amas te ha perdido completamente el respeto, aceptar que otra persona que valoras mucho te quiere fuera de su vida, dejar de ofrecer tu ayuda a alguien que la necesita con urgencia pero que cree que puede prescindir de ella, son ejemplos de problemas que nos generan conflictos internos en los que chocan creencias y emociones creando contradicción.  En realidad cualquier situación en la que debamos respetar y aceptar decisiones importantes de otros con las que no estamos de acuerdo o que entendemos equivocadas, o con el hecho de tener que adoptar decisiones contrarias a nuestras emociones, o tener que tomar decisiones importantes en el lugar de otros pueden ser también situaciones que nos ubican ante tesituras que generen importantes conflictos emocionales.

El papel de los juicios externos.
Un elemento que resulta importante a valorar, aunque no conforme exactamente parte del nucleo de la situación conflcitiva, es el de la influencia de los juicios externos en la gestión del problema. El temor a una valoración negativa del entorno significativo puede interferir gravemente en el proceso de resolución. Sentimientos como la culpa o la soledad pueden quedar muy reforzados, los remordimientos y la confusión cognitiva pueden acentuarse y la petición de ayuda o la expresión de las emociones pueden desaparecer. Contar con recursos de apoyo incondicional es absolutamente imprescindible para afrontar con garantías estos procesos.

Elementos de valoración en la toma de decisiones.
En un blog que sigo (http://cuadribaranda.blogspot.com/) acaban de colgar un post titulado "Prefiero vivir un día como león que cien como cordero" y que creo que puede ayudarnos enormente en la reflexión. Al final del mismo la gran pregunta que subyace a este tema ¿cuanto hay que arriesgar en la vida?, ¿cuanto hay que arriesgar en la toma de decisiones sobre nuestra vida?.
Viene a cuento en este punto recordar algunos post publicados hace algún tiempo sobre la búsqueda de los límites y sobre el dilema que plantea el miedo.

- Decidir es arriesgar. No hay posibilidad de vivir sin riesgo puesto que éste forma parte del juego de la vida. Hay riesgos evitables sobre los que podemos decicir, otros nos vienen impuestos irremediablemente. El riesgo significa optar, significa inclinarse hacia la senda que marca o bien las creencias o bien las emociones. La decición se debe tomar desde la honestidad y con el objetivo de la mejora.
- Aceptar que la decisión adoptada es la mejor, es la correcta y por ello una vez adoptada no hay que mirar atrás con la intención de rectificar. Una vez tomada la decisión toda la energía personal debe empujar en la dirección marcada. No hay vuelta atrás y es esteril dedicar tiempo a imaginar qué hubiese pasado si se hubiese tomado el otro camino. Esto implica hacer un trabajo de aceptación de la realidad y de las consecuencias de las propias decisiones.
- No decidir es decidir.
- Cambiar exige tomar decisiones. Hay muchas veces que los conflictos estallan como punta del iceberg de una situación que no se sostiene. Si hace falta cambiar, si hay que redirigir los pasos, si hay que inventar algo nuevo que rompa con las dinámicas previas, si pasa todo eso solo queda tomar una decisión.
- Pedir consejo.

Equilibrar el efecto de la decisión.
Sea cual fuere el criterio final que se haya impuesto en la toma de decisión es conveniente hacer un esfuerzo por reequilibrar. El conflicto debe dar paso a un nuevo equilibrio interno desde la aceptación de lo sucedido, desde la integración en una nueva realidad de los factores que lo han protagonizado. En un momento posterior al de la toma de decisión habría que reflexionar sobre las ideas y las emociones que se han puesto en juego. Si, por ejemplo, he decidido acabar con una amistad tendré que repensar qué quiero de un amigo, cómo creo que debo comportarme para cultivar ese tipo de relaciones, cuales son los límites o las conductas que no debo traspasar ni dejar que traspasen en ese contexto. Por contra habrá que reencontrarse con las emociones positivas y negativas vividas con esa persona, las que crearon el lazo y las que lo destruyeron, así como hacer una valoración de cómo debo ajustarlas mejor para disfrutar de nuevas amistades en el futuro. Y todo este esfuerzo de equilibrado interno circunscrito al nuevo contexto de la decisión adoptada. Muchas veces no cerramos bien las heridas, no dejamos que cicatricen, nos resistimos a las decisiones que hemos tomado volviendo al punto de lo que hubiese pasado si hubieramos elegido otro camino, nos lamentamos de lo perdido por el camino cuando no hay marcha atrás. Gastamos demasiada energía en pensar lo que no nos conviene y en regresar a emociones que solo nos aportan negatividad. Hay personas que dedican su vida a reconcomerse con lo que pudo haber sido y ésto les impide seguir una vida con la posibilidad de seguir desarrollarse. Otros pasan página sin detenerse, sin apenas reparar en el coste de cada giro, de cada puerta traspasada, de cada camino deshechado. Por eso la importancia de equilibrar, de aprender a pensar en positivo y de centrarnos en las emociones que nos hacen avanzar.
 

martes, 19 de abril de 2011

Creencias contra emociones en los conflictos personales

Uno de los temas del campo emocional que más me motiva a trabajar y más me interesa es el de los conflictos personales en los que intervienen las emociones como protagonista. En concreto la reflexión de hoy tiene que ver con el choque que a veces se produce entre creencias y emociones. En este post me referiré al concepto de creencia desde un punto de vista amplio, no limitado al ámbito de la religión.

                                                 Conflicto emocional

El efecto de este encontronazo es triple. Por una parte está el shock de la contradicción que paraliza nuestra capacidad de actuar, que nos deja quietos, a la espera de encontrar una respuesta. En segundo lugar el impacto hace que, con mayor o menor intensidad,  revisemos nuestras creencias con el objeto de reafirmarnos en ellas. Y en tercer lugar nuestras emociones nos sitúan en la encrucijada del conflicto interno con la evidencia de que una parte de nosotros está reaccionando en contra de lo que en teoría debería.

Puede resultar una de las situaciones más incapacitantes y frustrantes de todas las que pueden vivir los seres humanos. No se trata tan solo de un ejemplo de la clásica lucha entre razón y emoción. Es mucho más que eso, puesto que se pone en tela de juicio la concepción de las propias creencias y, ademas, a la vez, se produce una batalla emocional entre sentimientos enfrentados.


- Bloqueo por imposibilidad de encontrar respuestas.
El conflicto bloquea al individuo, le genera la inseguridad de enfrentarse al vertigo de no encontrar respuesta válida. En esa situación se genera un proceso circular de revisión permanente de los factores que protagonizan en choque. Se testean las creencias y las emociones en un círculo vicioso sin salida cuyo objetivo es localizar una respuesta que no llega, ni llegará por esa vía. Una vez constatada la imposibilidad de salir hay que replantear el problema de manera diferente, volver atrás desde el principio y descubrir sendas nuevas, posiblemente no exploradas.



- En el campo de la batalla: lo que creo contra lo que siento.
Si adoptamos el modelo belicista de la confrontación habrá una parte que resulte  vencedora, la que con más fortaleza logre ubicarse en el campo de batalla del sujeto. Esto generará una respuesta, una vía de salida al conflicto, pero también generará daños colaterales a considerar. El factor perdedor resultará minusvalorado o incluso eliminado del primer plano de la realidad del sujeto. En cambio si tomamos el propio conflicto como señal de alerta más allá de los factores que lo generan, y conseguimos integrar los elementos que lo protagonizan, si conseguimos una cierta convivencia de los elementos intervinientes podremos encontrar caminos por los que avanzar otro tipo de respuestas más satisfactorias psicológicamente. También es cierto que esto no siempre es posible. Aun en el caso de tener que inclinarse por una de las dos partes en conflicto es importante gestionar adecuadamente las consecuencias de la derrota del otro elemento.

- La priorización de razon frente a emoción. Consecuencias.
Culturalmente estamos más habituados a prestar atención a nuestras creencias que a nuestras emociones. De hecho, el nacimiento del movimiento en relación a la inteligencia emocional es bastante reciente y es en esta última década cuando ha ido tomando fuerza. Las consecuencias clásicas de confiar más en razón que emoción ha sido varias: la minimización del papel de las emociones en la vida del individuo, la ocultación de los aspectos más incómodos para nuestras creencias de estas emociones, o la generación de problemas psicológicos más serios por ignorar los factores emocionales.

- Desconfianza contra el mundo emocional.

En general se permite desconfiar de la visión del mundo que nos dan nuestras emociones pero no se cuestionan de igual manera las creencias. El hecho es que la intensidad emocional confunde y aturde nuestras capacidades cognitivas y volitivas. Pero no es menos cierto que convivimos con pensamientos erroneos y creencias mágicas. Hay que comprender que tanto sentimientos como pensamientos forman parte de nosotros y nos aportan información relevante; de la misma manera que hay que estar alerta sobre equívocos a los que ambos nos pueden llevar.

- La flexibilidad aplicada al conflicto.
Poner en cuestión nuestras creencias debe ser un ejercicio para profundizar en ellas. Este proceso de investigación, de interiorización lleva implicita la duda cartesiana, la flexibilidad de entender nuevos matices que enriquecen y hacen evolucionar nuestros pensamientos, nuestras concepciones. Poner en relación nuestras creencias con nuestras emociones y observar cómo se comportan ambas combinandose, interactuando. Siempre habrá que optar y una quedará más satisfecha que la otra. Pero gestionar el conflicto desde un punto de vista eficiente emocionalmente exige contemplar las consecuencias de las decisiones tomadas, los posibles daños generados, y trabajarlos.  Solo así podremos encontrar una paz estable que nos equilibre como seres humanos y nos permita seguir viviendo, seguir aprendiendo, seguir avanzando.

                                               Flexibilidad e imaginación

lunes, 11 de abril de 2011

Mitos en el amor: la media naranja

MitosEl mito de la “media naranja” en el amor hace referencia al hecho de que hay una persona ideal como pareja para cada uno, como si fueran dos mitades de una misma naranja. Originariamente se atribuye a Aristofanes y el mito de los andróginos recogido en “El banquete”.

Como todo elemento cultural resulta evidente que responde a una manera de entender las relaciones de pareja. Se podría afirmar que detrás de este mito se encuentran elementos románticos y religiosos. Por una parte en nuestra cultura de influencia cristiana la relación entre un hombre y una mujer adquiere el vínculo sagrado a través de la unión en el matrimonio. Por otra parte la concepción romántica ayuda a elevar a la categoría de valor los sentimientos de amor entre dos personas que se aman.

El Viernes recibí esta aportación en relación a los diversos mitos vinculados con el amor, y que concretamente se refiere al de la media naranja:

“No existe la media naranja. Para tener a tu lado a la pareja ideal tendríamos que reunir muchas medias naranjas, juntar esas mitades y crear naranjas enteras, guardarlas todas juntas en un cesto y dependiendo de cómo pueda trascurrir tu día a día te decidirás cual es la naranja que te apetece tomar.”


Desde un prisma puramente psicológico habría que decir que, tomado de modo literal, resulta un pensamiento erroneo evidente que, desde luego, va a:

  • confundir a la persona que se sienta insatisfecha en su relación de pareja
  • condenar a la soledad a quien la haya perdido.
  • atribuir a factores externos y, en cierta forma, mágicos la idoneidad y la salud de la relación de pareja.
  • justificar actitudes y comportamientos pasivos o negativos en relación a problemas que surgen en la pareja.

Añade el colaborador de “entrenando emociones” que “no puedo conocer como otro siente el amor, solo puedo conocerlo como sentimiento propio, por tanto no puedo definir este concepto de una forma genérica y mucho menos juzgarlo, sentenciarlo, compararlo o manejarlo a mi antojo y según mi conveniencia. Yo no puedo saber cuanto me amas, ni tú cuanto te amo te amo a ti, es difícil (por no decir imposible) lo que para ti es mucho o poco amor, no es medible ni cuantificable, por tanto inclasificable.En algunas ocasiones me hago planteamientos y me cuestiono preguntas y mi conclusión siempre es la misma, cada quien y cada cual que sienta el amor como le venga en gana siempre y cuando tenga la suerte de poder compartirlo y alguna o muchas dosis de suerte por ser correspondido, entendiendo siempre que se transmita y se reciba como un sentimiento limpio y no dañino.”



miércoles, 6 de abril de 2011

Primeros pasos en la gestión de emociones.

¿Qúe podemos hacer con nuestras emociones? ¿Dejamos que nos influyan y nos lleven donde ellas quieran? Es diferente el descontrol que la indolencia, es distinto que la intensidad de una situación no me de margen para reaccionar, que no lo haga en ningún caso.

Podemos entrenarnos para manejarlas, podemos esforzarnos para que nos hagan mejores personas y por ende nos proporcionen una vida mejor. Pero, también, debemos tener claro que no podemos hacer con ellas. Hay que entender que no podemos dejar de sentir y que, normalmente, una vez que aparecen nos hacen navegar bajo su influjo. Pero si podemos prepararnos para los impactos futuros y si podemos aumentar nuestro conocimiento y nuestro control sobre las que se nos presentan más o menos leves cada día. En este sentido resulta muy sugerente la alternativa que se nos ofrece desde la Fundación para la Educación emocional y sus "gimnasios emocionales".

¿Pero cómo podemos realizar una mejor gestión de las emociones?

1.- Adquiriendo la habilidad de identificar nuestros sentimientos y emociones. Resulta imprescindible conocer e identificar en uno mismo las distintas emociones que nos afectan en las situaciones emocionales sobre las que intervenir. Muchas ocasiones la complejidad y la maraña de sentimientos es tan densa que resulta verdaderamente difícil hacer luz, ver con claridad.

2.- Definiendo objetivos. Gestionar nuestro mundo emocional debe estar orientado en alguna dirección, con un sentido claro. Saber lo que se quiere en la vida, en las relaciones personales, en las situaciones problemáticas en las que nos vemos involucrados es una de las claves de la gestión emocional.

3.- Realizar un análisis de la situación emocional y elaboración de estrategias de intervención. Si hemos podido realizar  correctamente los dos primeros pasos llega la hora de ponerse en marcha, de diseñar una ruta con la que mejorar la situación. En primer lugar habrá que observar la interacción entre pensamiento, emoción y acción para elaborar la estrategia más adecuada para la consecución de los fines previamente establecidos.

4.- Empleo de técnicas de apoyo. La Psicología ofrece algunos recursos en forma de técnicas que facilitan la intervención sobre el pensamiento (por ejemplo la reestructuración cognitiva o la parada de pensamiento), sobre ciertas áreas vinculadas a lo emocional (por ejemplo las técnicas de relajación) o sobre la parte más motora de la conducta (como por ejemplo los programas de refuerzos).
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