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lunes, 27 de junio de 2011

Cuento sobre los sueños e ilusiones

Como continuación natural del último post no me resisto a publicar este cuento escrito por mi hace muchos años y que creo que viene como anillo al dedo...


A LA HORA DE PERSEGUIR PECES DE COLORES
Las doce. Un gallo cantarín, de esos que viven en los relojes hechos para ciegos, avisaba que el sol de la mañana había llegado al mismísimo centro del cielo. Uno nunca sabe cuando están de buen humor los peces de colores. Y es que ya se sabe que son un poco caprichosos y creidillos, por eso de ser los más bonitos de los mares, con eso de que todos los miramos, los requetemiramos y los admiramos...

El calorcito con el que el sol del verano nos despierta, hace que me entren ganas de jugar. Por eso he decidido ir a buscar a los peces de colores, con idea de atraparles y de divertirnos juntos.

La noche había estado tranquila, y el mar se había dormido sereno. Así que pensé que los peces habrían podido descansar bien. Aún más importante que el hecho de querer jugar con ellos con todas las fuerzas del corazón, aun más digo, es el que ellos hayan dormido bien por la noche. Si se levantan enfadados no suelen tener ganas de moverse, ni de nadar en zigzag, ni de hacer burbujas de aire, ni de mordisquear las aletas de sus amigos...


Hoy puede ser un buen día aunque, en realidad, cualquiera lo es si eres capaz de convencerles. Ahora mismo me acuerdo que había una niña en la playa que siempre jugaba sola porque no tenía amigos. Para ella los peces de colores tenían siempre los mejores juegos preparados, incluso toda una colección de cabriolas marinas con saltos, vueltas de campana y demás acrobacias espectaculares.

         No hace demasiado tiempo yo no sabía cómo les gustaba jugar a los pececillos de la playa que está al lado de mi casa. Era demasiado pequeño para eso. Yo aún sigo siendo un niño ahora, pero me he hecho un poco grande al aprender a juguetear con los peces de colores. Y es que uno no es pequeño o grande por ser más o menos alto, ni por tener más o menos años, sino por aquello que aprende, por lo que sabe, que es lo que nos va llenando por dentro.
 Hoy quiero contar lo que he aprendido a todo aquel, niño o adulto, que quiera perseguirlos y jugar con ellos.

 Antes, cuando llegaba a la playa todo contento para jugar a coger y a librar, me ponía a correr detrás de los pequeños peces multicolores. Siempre me han encantado los peces de colores, el brillo de sus escamas tocadas por los rayos del sol. Cuando nadan todos juntos parecen un arco iris de mar y yo no puedo dejar de sonreírme. Pensaba que correr tras ellos era la mejor forma de demostrarles lo divertido de mi juego, unos chapoteando detrás de otros por encima y por debajo del mar. Para mi sorpresa ellos siempre escapaban sin siquiera darme la oportunidad de que les preguntara si querían que pasáramos juntos un rato.

Ahora ya sé que es conveniente no asustarles. Y es que, claro, imaginaros por un momento que os hacéis peces de colores y que estáis tan tranquilos tomando el sol en la orilla del mar. Bueno, qué pensaríais si, de repente, se os acerca un gigante humano (ya que incluso los niños somos enormes para ellos) a toda velocidad... Está claro, nos entraría miedo. Supongo que nos pasa a veces que vemos las cosas solo desde nuestro punto de vista. Yo antes no sabía mirar las cosas con ojos de pececillo de colores.
Así aprendí que para jugar con ellos hay que quedarse sentado en la orilla con los pies remojándose en el mar. Es posible que vosotros encontréis más formas, pero ésta es la que me funciona a mí. Lo importante, al final, es que se acerquen, que confíen en ti, y da un poco lo mismo la manera.

No lo sé seguro, pero muchas veces he pensado que, cuando vienen a mi lado para hacerme cosquillas en el dedo gordo del pie, igual es porque creen que es un gran helado de chocolate para peces, o tal vez porque piensan que es un bebe de sirena venida de los mares del norte para jugar con ellos. Quien sabe, pero me gusta la sensación de que se me acerquen. En ese ratito ya no soy un gigante sino un amigo más. Me aletean y no sé si es un juego marino o una caricia de pez. Lo que sí se es que me encanta.

Hablando con los peces de colores, me he enterado de que para ellos nosotros también podemos tener colores. Siempre y cuando sepamos tratarles y jugar con ellos. A mí me dijeron que era rojizo como el sol en un atardecer de verano. Claro y es que cuando no huyen de nosotros también pueden mirar con ojos de humano.

Al final de este verano los pececillos se fueron con sus colores a mares más cálidos, e igual un poco menos contaminados. Yo me he quedado un poco triste, sin compañeros de juego en el verano.

Si un día llegáis a hablar con ellos preguntadles por otros juegos que les gusten, preguntadles por donde se fueron a vivir este invierno, o si se acuerdan de mí. Ese día escribid un cuento para que todos los que cuando nace un día soleado de verano soñamos con jugar un ratito con los hermosos peces de colores, sepamos que han pasado una buena noche y que siguen queriendo jugar y chapotear en el mar con nosotros.

Hay algo que todavía no he hecho y que me da un poco de miedo. Los peces multicolores se han ido pero sé que llegará el día en que me vuelva a encontrar con ellos. Entonces me invitarán a nadar por el fondo del mar y seguro que me iré, siempre me ha gustado seguir la estela de los pececillos de colores. Y es que para jugar con ellos, así como pasa para otras muchas cosas de la vida, lo único que hace falta es tener el coraje de perseguir lo que quieras, aunque pueda parecer tan raro como correr detrás de unos peces de colores.

Ya son más de las doce y media y aunque haya cantado el gallo de mi reloj parlanchín no sé si hoy será el día en el que nos volvamos a encontrar para nadar por el fondo del mar. Lo que sí se es lo que aprendido mirando con ojos de pececillo, sé que me ha gustado contaros esta historia, y que les esperaré para terminar de hacer realidad alguno de mis sueños de las mañanas del verano.

martes, 21 de junio de 2011

La ilusión como emoción.

Si hay una emoción que realmente hacen una función motriz, de excelente motivadora para el individuo, ésta sería, a mi juicio, la ilusión. Muchas veces me he visto en la tesitura de acompañar procesos de cambio personal y he observado que la presencia de esta emoción es un buen predictor de la calidad y consistencia del cambio. Muchas veces también me ha entristecido escuchar a personas decir que no tienen deseos para ellos, que no quieren nada, que ya lo tienen todo, que no encuentran alicientes.




Seguramente por eso, siempre me ha interesado sobremanera investigar las diferentes vías que se pueden emplear para aumentar la presencia de las ilusiones, o para hacer que renazcan cuando parecen haber desaparecido del primer plano de una persona.

Durante mucho tiempo pensé que la ilusión es una característica, un rasgo de la personalidad de los individuos que les permite ser más sensibles a la posibilidad de obtener logros, y por consecuencia, disponer de mayor capacidad de activarse ante las perspectivas de un hipotético éxito. Y siendo esto así, afortunadamente no explica el fenómeno en su totalidad.



He observado como personas recuperan o renuevan ilusiones con el enamoramiento, con la maternidad/paternidad, con el contacto con los nietos, con la superación de una enfermedad grave, etc... Y  lo que tenían en común no era el género o la edad, sino algo tan sencillo como haber sufrido un impacto en la vida con resultado positivo. Profundizando más descubrí que no era una cuestión de azar, de haber tenido la suerte de que determinado hecho saliera a su encuentro en la vida, no!!!!. La clave parecía estar en cómo, en una determinada circunstancia, el individuo conectaba con partes ocultas o adormecidas de sus emociones. Esta ha sido también una de las principales conclusiones de Brene Brown y sus estudios sobre la vulnerabilidad. Nuestra capacidad de sentir está directamente relacionada con el grado de felicidad de que disfrutamos. Y entre todas las emociones, la ilusión ocupa un papel principal como energía que pone en marcha toda la maquinaria de la positividad o, por qué no decirlo, de la felicidad.

Entiendo que la ilusión es pura energía positiva. Es más que esperanza puesto que activa tanto la parte cognitiva como sobre la fisiológica de las emociones. El ejemplo perfecto de la persona ilusionada es el niño. Cada paso es un descubrimiento y además una oportunidad para jugar y para fantasear. Y cada paso pide otro paso más, pide continuar una marcha hacia delante permanente y positiva. El adulto pierde la candidez de descubrir y aprender, puesto que percibe el entorno como algo que es posible ser controlado. Así entiende que ya lo tiene todo hecho, que ya sabe lo fundamental y se encuentra seguro. Pero no es así. Explorar siempre es posible y, por lo tanto, descubrir siempre es una alternativa del explorador. No me resisto a mencionar las reflexiones en torno a la búsqueda de los límites para el avance personal. Investigar es también soñar, y sin sueños, deseos o fantasías no puede haber ilusiones.

Para recuperar las ilusiones debemos en primer lugar permitirnos sentir más intensamente. Así conseguiremos un encuentro más intenso con nuestras emociones, aquellas que muchas veces ahogamos o silenciamos. Ellas nos guiarán en la exploración de nuestro interior. Ese viaje nos permitirá recorrer nuestras vivencias, nuestras inquietudes, nuestros temores, de manera que poco a poco iremos redescubriendo deseos perdidos, los sueños de cada noche que olvidamos al despertar y, en definitiva, las ilusiones.

lunes, 13 de junio de 2011

Método "entrenando emociones"

Durante el último año y medio hemos investigando, testeando y comenzado a desarrollar una metodología de trabajo emocional. Queda mucho por hacer pero llegado a este punto queríamos compartir algunos de los detalles de la misma.


Hibrido expresión – psicología:

Abordamos el trabajo emocional desde una perspectiva polidimensional. Por una parte entendemos que el trabajo debe ser vivencial, basado en la experimentación, en el juego que da el uso de las técnicas de expresión y creatividad o las del teatro social. Por otra parte buscamos un encuentro de la persona con sus emociones a través del grupo, y del acercamiento indirecto a las suyas propias. Utilizamos al grupo como catalizador a la vez que como protector, la persona se ve estimulada por el grupo pero a la vez recibe su apoyo, incluso su protección. Y por último propiciamos una reflexión que busca avanzar puesto que el encuentro con las emociones propias dentro de este contexto del laboratorio está intencionalmente dirigido a la mejora personal, a la gestión eficaz de las emociones.


Destacamos en particular los siguientes vectores:

-  la cohesión del grupo necesaria para el trabajo grupal que pretendemos, imprescindible para la consecución de un apoyo mutuo eficaz durante la experiencia, así como para desplazar el centro de atención de los problemas del individuo hacia el exterior (grupo).
-  la invitación al uso de otros registros expresivos alternativos a los habituales como instrumento de entrada en el espacio fronterizo de avance.
-  la ayuda a la introspección individual necesaria para el avance individual en materia emocional.
- la utilización de técnicas expresión y creatividad mestizadas con otras cognitivo conductuales.
-  la experimentación personal y grupal a través de la fórmula del laboratorio.


Laboratorio de experiencias.

Imaginamos el trabajo grupal como la puesta en escena de una experimentación emocional. Conducimos el tiempo y la energía del grupo hacia el empleo de registros de comunicación plásticos. Proponemos romper con las rutinas de expresión sustituyéndola por otras que favorecen el encuentro y la introspección.
Un laboratorio de 8 horas correspondería con un primer nivel y los objetivos de esa experiencia pueden estar más centrados en dar claves sobre qué es la pérdida y en obtener pistas genéricas de cómo abordarla. Pero en un segundo nivel se podría avanzar en la mejora de las perdidas individuales. Para ello hace falta invertir más tiempo en una línea de progresiva profundización en las pérdidas de cada uno.

Resumen del "Laboratorio sobre la pérdida" realizado en Bilbao los días 3 y 4 de Enero 2011

Este es un punto en el que planteamos diferentes alternativas. Por una parte está el trabajo más en genérico, desde un punto de vista más pedagógico, dejando sugerencias, abriendo caminos. Por otra parte se trata de incidir, cuestionar, estimular para recorrer caminos de avance y acompañar en los primeros pasos de éste. Este trabajo emocional tiene diversos grados de profundización que hay que tener muy en cuenta. Es necesario afinar mucho el grado de avance que quieran los alumnos y calcular las horas necesarias en función de ello, así como las dinámicas más indicadas para ello. 
En cuanto a horas un nivel 1 podría trabajarse desde un mínimo de 8 a un máximo de 16 horas. Un nivel 2 requeriría un mínimo de 24 horas y un máximo de 40. Por otra parte el nivel de acercamiento podría trabajarse en el formato de un fin de semana, el de profundización necesitaría dos o tres fines de semana o una semana completa de trabajo.


La dinámicas.

El uso de técnicas de expresión y de creatividad resulta muy indicado para abordar en grupo este trabajo. Además hay un gran abanico de técnicas que se pueden usar. Por ejemplo es muy útil introducir dinámicas de creatividad para trabajar la diversidad, para encontrar posibles salidas a los problemas que plantean las diversas pérdidas personales. La posibilidad de combinar el teatro imagen con el teatro de sombras, la confección de comics o de videoclips u otras nuevas variantes plantean un más amplio universo de posibles dinámicas que utilizar.

En cuanto a las dinámicas empleadas tanto la del teatro – imagen como las del juego con objetos son muy eficaces para una primera momento del curso. El tener que extractar, resumir y/o plasmar emociones en imágenes es muy didáctico. Es muy interesante salir de la dinámica subjetiva para acercarse al problema desde lo genérico, como alejándose para tomar perspectiva. Además la dinámica favorece el dialogar con otros sobre aspectos globales, sobre nexos comunes en las pérdidas sufridas. Por último resulta muy significativo ver cómo los problemas de cada uno así como su manera de afrontarlos quedan patentes en este trabajo de una manera involuntaria. Esto permite una primera devolución que posibilita seguir realizando un trabajo de profundización en las propias pérdidas.

La "técnica de la carta" resulta espectacular, una dinámica demoledora que ha sido muy bien valorada por los alumnos. Se trata de pedir a cada alumno que escriba una carta imaginaria en función de unas consignas de los conductores. La respuesta a la misma por parte de los compañeros de manera anónima sigue en la línea de enfrentar en cabeza ajena las posibilidades de resolver situaciones emocionales complejas de otros, un trabajo que más adelante deberían hacer ellos mismos. Es claramente un fantástico recurso para una progresiva profundización en las propias emociones a través de la narración de una historia personal en la que se cuelan junto con datos descriptivos muchos emocionales y de la evolución de éstas. El posterior el trabajo de teatro – imagen con sombras facilita mantener un halo de anonimato que puede resultar muy útil para vencer dificultades de expresión a las personas  más tímidas o más afectadas. La posibilidad de que las historias construidas a través de la carta cobren vida y crezcan con el teatro forum es una muy buena opción que poder utilizar para continuar el trabajo en un segundo nivel.


Conclusión.

El trabajo solo ha comenzado. Hay camino que recorrer. Tenemos intuiciones, algunos desarrollos y mucha ganas. Entendemos que no hay otro camino para la mejora en la gestión emocional que el enfrentamiento, entendemos que las técnicas híbridas de psicología y expresión posibilitan la recreación controlada de situaciones de las que salir fortalecido. Seguiremos aportando nuestro granito de arena para encontrar más y mejores aplicaciones que beneficien a todas las personas que busquen vivir con mayor calidad su parte emocional. 
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