Red de colaboradores

Si disponéis de 5 minutos os invitamos a colaborar en el estudio que estamos haciendo pinchando en el enlace dentro de la pestaña CUESTIONARIOS. Todas las personas interesadas en formar parte de la red de colaboradores ponganse en contacto indicándonoslo a través del mail: emocionarse@gmail.com

Si además os interesa compartir reflexiones sobre cómo mejorar nuestras emociones en la pestaña RED hay una propuesta interesante a la que os podéis sumar.

miércoles, 29 de agosto de 2012

La mochila como resultado de aprendizaje

 ¿Conocemos realmente qué  llevan en su mochila un facilitador de aprendizaje y un aprendiz?

Mochila para el aprendizaje
Comenzamos un nuevo curso escolar, y entramos en el otoño, una época del año que nos inspira sentimientos encontrados,  de una parte sentimos  nuevas  ilusiones, ganas de adentrarnos en nuevos proyectos,  un atisbo de esperanza; De otra parte  sentimos ansiedad por el desconocimiento de qué debemos retomar o comenzar y de cómo lo haremos.

Algo que nos sucede a todos los seres humanos por el mero hecho de vivir, y en todas las áreas de nuestra vida, especialmente en el ámbito educativo.

Damos por supuesto que nuestros alumnos vuelven a nuestros centros escolares con la mochila cargada, comparten buena parte de ella con el mismo  material, las mismas  ganas de ver a los amigos, de hacer otros nuevos, pero también vuelven cargados de ansiedad, miedos, ilusiones, alegría, en definitiva de emociones, pero cada uno con las propias.

Sin embargo, pocos pensamos  cómo comienzan nuestros facilitadotes de aprendizaje o docentes y qué llevan en sus mochilas, al abrirla se observa que va  cargada de múltiples demandas, muchas capacidades, nuevos proyectos, conocidos y nuevos alumnos, grandes retos, dificultades en cuestiones administrativas, presupuestos insuficientes, crecientes exigencias formativas y por supuesto sus propias emociones: alegría, tristeza, miedo, ira, sorpresa y felicidad, cada uno vivenciando las suyas.
Desde nuestra experiencia podemos constatar  que las emociones juegan un papel fundamental en el aumento del bienestar personal, social y laboral del facilitador y en consecuencia del alumnado, por lo tanto tenemos que aprender a reconocerlas, a leer la información que nos transmiten, a gestionarlas del modo más adecuado, y a transmitirlas para aumentar el bienestar propio y de aquellos que nos rodean.

Aún más, está demostrado que cultivar esa competencia aumentará nuestra productividad como facilitadores, nuestra capacidad de automotivación, y de modo consecuente, la habilidad para motivar a nuestro alumnado fomentando una buena actitud ante su proceso de aprendizaje y crecimiento. Es decir, si hacemos un uso inteligente de las emociones para que estas guíen nuestros pensamientos y conductas en nuestro propio beneficio y el de los demás, recogeremos una buena cosecha años más tarde.

Mochila emocional
En resumen, recomendamos a todos los facilitadores de aprendizaje y centros educativos que fomentar el desarrollo de la inteligencia emocional en su alumnado desde edades muy tempranas, será la mejor opción de siembra y  que cuidándola  no tardará en comenzar a dar sus frutos; Frutos que como en la vida  con el paso del tiempo cada vez serán más cuantificables y sobre todo de mejor calidad.

Cuantificables porque obtendrán mejores resultados académicos, según estudios realizados el rendimiento académico del alumnado aumentará en un 20-30%, pero sobre todo lo que una sociedad que apuesta por el bienestar tendría que considerar más importante, de mejor calidad; es decir, personas más espáticas, autónomas, solidarias, exitosas personal y profesionalmente hablando, en definitiva sociedades con mayor conciencia social.

Llevamos la mochila con dos complementos, lo intelectual y lo emocional, aún nos queda espacio  para algunos más, entre ellos la inteligencia emocional y la conciencia social, comencemos a llenarla…!


Yolanda Charte Fernández
Psicóloga formadora en Inteligencia Emocional.

jueves, 23 de agosto de 2012

Sobre sentir los colores (del Athletic Club)

Escudo del Athletic en San Mames
¿Es correcto decir a otro por quien debe sentir amor, qué comida le debe gustar, qué canción debe hacerle mover los pies sin parar? Creo que todos estaremos de acuerdo en que no. Pero voy un poco más lejos.¿Creemos que todos deben sentir como nosotros el calor de estos días, el ridículo de combinar mal la ropa que vestimos, o la injusticia ante una u otra situación? Posiblemente tampoco, aunque abrigamos a los niños cuando nosotros tenemos frío, o criticamos el cómo va fulanito hoy vestido o peinado, o nos cuesta entender que lo que nos duele a nosotros no duela de la misma forma a los demás. Somos conocedores de que, al hacerlo, no estamos actuando del todo bien.

La afición siente los colores
Todo este preámbulo para llegar al quid de la cuestión que no es otro que el de denunciar la atribución que mucha gente se toma en lo que se refiere a "sentir los colores" del Athletic Club. Más concretamente cómo Fernando Llorente (@llorentefer19) y Javi Martinez (@javi24kikiteam) no son emocionalmente rojiblancos por buscar un futuro deportivo lejos de Bilbao. Antes que nada me gustaría recordar la carta de Peio que hizo reflexionar a muchos cuando el equipo estuvo a punto de bajar a segunda división en 2007. También otro magnifico vídeo de la ONCE titulado "Los colores de las flores".

Sobre este asunto comparto las siguientes reflexiones:

1.- Pase lo que pase, vayan donde vayan, estos jugadores están completamente marcados emocionalmente por su experiencia en el Athletic, por lo que significa ser del Athletic. Ojala tengan éxito en su nueva etapa pero me parece difícil que nada les haga olvidar noches de éxtasis como la de Old Traford, o las exhibiciones de apoyo de San Mames o de toda una ciudad coreando sus nombres todos y cada uno de los días de Mayo de este 2012 histórico.

2.- Suelo decir, y va como anillo al dedo como ejemplo en este caso, que para opinar de un asunto es conveniente o bien haberlo pasado o tener la posibilidad real de hacerlo. Ahora díganme con sinceridad cuantas personas creen que rechazarían por sentimientos contratos y/o oportunidades del tipo que se les presentan a estos dos jóvenes. Y además díganme, por favor, que les dirían ustedes si fueran sus hijos o sus hermanos.
Fernando Llorente

3.- Y hablando de sentir colores, díganme qué hace como aficionado del Athletic por sus colores. Y me refiero a ir más allá de sacar la bandera a la ventana, o de pintarse la cara de rojiblanco el día de la final. Pues por mucho que se sientan unos colores, ésto no da derecho a juzgar los sentimientos de los demás.

3.- Todos los rojiblancos hemos soñado y disfrutado mucho esta última temporada, aunque hemos tenido nuestras desilusiones también. Pero creo que era previsible que unos jugadores como los nuestros despertaran la atención y el interés de clubes que pueden pagar por ellos y ofrecerles otros horizontes deportivos. Nos duele, es evidente, pero el sistema del negocio del fútbol es así. Hay un punto de no querer ver lo que somos en el mercado del fútbol, un deseo de que nuestra diferencia (que sí existe) nos debiera proteger o mejor dicho la deberían proteger como héroes los jugadores de nuestro equipo, cuando en realidad solo son personas como todos los demás.

4.- Me parece mucho más inteligente (emocionalmente hablando) sacar el máximo beneficio económico de estas operaciones, que no son más que eso operaciones económicas y no afrentas. Además de reflexionar sobre cómo podemos impregnar más de la filosofía Athletic a toda la masa social, a la vez que sentirnos orgullosos de lo que hemos hecho, cómo no!!!
Javi Martínez

5.- Por último no conozco personalmente ni a Fernando ni a Javi. Como la mayoría los he visto de corto en la tele.  Mi hijo Unax de cinco años animaba al rubio (como él) del número 9. Pero creo que sería muy elegante, muy bilbaíno, muy Athletic si me apuráis, despedirles con un apretón de manos y un hasta siempre en vez de pitarles o dedicarles lindezas.

Aupa Athletic!!!!!

viernes, 17 de agosto de 2012

7 claves para entrenar las emociones de los niños

Besar enseña a besar
Cada vez parece adquirir más importancia la educación emocional de los niños y jóvenes. Son ya muchas las instituciones educativas y las actividades extra escolares que contemplan este tipo de objetivos a la hora de plantear sus actividades. Desde "entrenando emociones" nos gustaría aportar nuestra particular visión sobre el tema con algunas claves que esperemos que os sean útiles:

1.- Hablar de las emociones.

Hablar es el primer paso para hacer visible algo, para poner el foco de la atención sobre ello. La vida cotidiana está llena de situaciones que nos van a permitir conversar con los niños sobre las emociones que se han encontrado.    El dolor de una caída, la risa por algo gracioso, lo divertido de jugar, el llanto cuando alguien se enfada con él... Particularmente interesante me parece la observación de los sentimientos de los personajes de los cuentos o de las películas o series de televisión para niños con la idea de hacer que poco a poco identifiquen distintas emociones y situaciones emocionales.

2.- Expresarles nuestros sentimientos y animarles a hacer lo mismo.

Series de TV para niños
Decir todo lo que les queremos, lo triste que estamos cuando no han hecho algo bien, lo que nos hemos divertido jugando o lo alegre que estamos porque llega el día de su cumpleaños, son algunos ejemplos de la expresión de algunas de nuestras emociones de adultos que ellos pueden comprender. Es importante hacerles partícipes de nuestras emociones, que conozcan  la importancia que tienen en nuestras vidas porque nos generan sentimientos muy positivos. Así estamos creando un espacio de (auto)confianza y autoestima fundamentales. También les damos un modelo de referencia a través del que tendrán la oportunidad de expresarse emocionalmente. Por último es importante que les animemos a ello, de manera que ellos también expresen lo que sienten.

3.- Explicar las emociones.

Después de observar y expresar viene el momento de intentar hacer entender al niño qué es una emoción, para qué sirve y qué se puede hacer con ellas. En la infancia las emociones son muy intensas porque cumplen con una función de comunicación con su entorno, por lo que es importante que ellos aprendan a conectar lo que sienten con lo que quieren expresar. Así mismo este conocimiento abre la puerta a un cierto autocontrol de algunas aspectos de su vida emocional.

4.- Enseñar a identificar las emociones.

Acariciar a un gato
Todos nos damos cuenta de lo que sentimos pero otro asunto es saber identificarlo. Por ejemplo los niños muchas veces lloran de hambre, de sueño, de ganas de afecto, de incomodidad, de dolor. Si mientras les calmamos y les damos afecto les preguntamos qué les pasa y les intentamos ayudar a responder la pregunta estaremos contribuyendo a su alfabetización emocional en lo que a la identificación de emociones respecta.

5.- Empatizar con las emociones de los demás.

Hablando con las cabras
Empatizar es la capacidad de ponerse en la situación del otro y en este caso en los sentimientos que tenga. A medida que avanza el post me doy cuenta de la incapacidad de muchos adultos a la hora de hacer las actividades que planteo para los niños. He observado que, en general, sienten más facilidad por empatizar con los niños que son más pequeños que ellos por lo que es un recurso que suelo utilizar. Los animales también les ponen en una situación favorable para ejercitar la empatía.

6.- Realizar actividades artístico-creativas.

En general estar activos es una fuente de estimulación emocional tal y como comentaba en el último post sobre el valor emocional de lo cotidiano. Pero de entre todas las actividades posibles estamos observando que las que estimulan su creatividad les permiten disponer de un repertorio emocional más amplio. Animadles a pintar, a construir, a decorar, a contar cuentos, a representar personajes, a disfrazarse, a inventar nuevos juguetes con objetos aparentemente inservibles...

Soñar, siempre soñar
7.- An(í)ma(r)les a soñar.

La infancia es un tiempo de aprendizaje. Si éste es tomado como un juego aporta experiencias significativas fundamentales para los niños. Un niño que sueña, que disfruta de su imaginación también cuando está despierto, es un niño que mira el futuro con ilusión y por ende un individuo sensible y emocionalmente rico, posiblemente feliz, que es de lo que se trata, ¿verdad?


miércoles, 15 de agosto de 2012

El valor emocional de las experiencias

Valor emocional
A nadie pasa desapercibido el valor de la experiencia puesto que parece estar asociado con el aprendizaje y con el conocimiento práctico de haber vivido y/o del saber hacer. Pero resulta más difícil observar el valor emocional de las experiencias.

Ir de compras, hacer deporte, hacer una llamada de teléfono, quedar con los amigos, dar un paseo, preparar una comida. ver la televisión, jugar con los nietos son actividades cotidianas realizadas por la mayoría de las personas. Pero, ¿alguna vez os habéis preguntado por el valor emocional que tienen esas actividades cotidianas?. Mejor dicho, ¿qué valor emocional nos aportan las actividades que realizamos?.

Es evidente que hay experiencias que no elegimos. Pero otras muchas actividades están al alcance de nuestra toma de decisiones y podríamos dirigirlas en función, también, del valor emocional que nos aporten.


- ¿Qué vemos en la televisión y qué nos aporta?
- ¿Con qué personas estamos y/o charlamos y cómo nos hacen sentir esos ratos?
- ¿Qué actividades de ocio tenemos y que nos aportan emocionalmente?
- Cuando pasamos tiempo trabajando o cuidando de otras personas, ¿qué tipo de actividades realizamos?, ¿qué valor generan tanto a uno mismo como a los de alrededor?

¿Qué nos aporta la televisión?
La idea del post es llamar la atención sobre la conveniencia de mirar nuestras experiencias también desde el valor emocional que generan. La propuesta es la de hacer un ejercicio de visibilización de esas emociones que muchas veces nos pasan desapercibidas en nuestra vida cotidiana y que van aportando en positivo o en negativo aunque no seamos muy conscientes de ello.

Recuerdo en un curso haber hecho esta reflexión cuando un alumno toma la palabra para preguntarme la opinión sobre su afición a ver viejas películas del oeste. Un tanto sorprendido y confundido me puse manos a la obra hasta que ambos concluimos que tenía que ver con la satisfacción que le producía ver, aunque fuera en la ficción del filme, que la justicia terminaba venciendo, un sentimiento que le servía de contrapeso a situaciones que había vivido de injusticia.

Jugar es una actividad cotidiana
Ahora que llegan días de vacaciones para muchos, no dejemos, pues, pasar la oportunidad de agregar valor emocional a nuestra vida con una elección más intencional de las experiencias que vivamos.

lunes, 6 de agosto de 2012

Echar de menos

Echando de menos...
Tras escribir sobre soledad y sentirse solo veía la necesidad de completar la reflexión con alguna referencia al hecho de echar de menos que suele estar muy asociado al vacio que deja la soledad.

En principio echar de menos es notar una falta, es sentir el hueco de la ausencia. Es normal que cuando nos acostumbramos, es decir, nos comportamos con una serie de costumbres, o cuando nos vinculamos a personas y se produce una separación, sintamos ese sentir tan humano como es el de echar de menos.

La cuestión es que echar de menos suele ser una vivencia que sufrimos de manera negativa. Es cierto que, en el fondo, es una contrariedad, especialmente si no somos nosotros lo que decidimos alejarnos o hacer que se produzcan cambios en la situación. Es importante darse cuenta de que los cambios en la vida, bien sean por decisiones propias, o impuestos por otros, suponen un proceso que forma parte de la esencia de la vida. Desde una concepción dinámica de la existencia echar de menos es parte del juego, una etapa más del proceso. 

La hora de tomar decisiones
Es curioso observar, a veces, cómo personas que deciden emprender un nuevo rumbo a su vida se paran y se cuestionan lo decidido por la duda que les genera echar de menos, como si ésto fuese indicador de una decisión equivocada. Recuerdo haber escrito también algo sobre claves para tomar decisiones en situaciones de complejidad emocional


Hay un echar de menos que nunca nos abandona puesto que tiene que ver con aquellas personas y situaciones importantes que nos han hecho como personas, hay otros "echaresdemenos" que hay que masticar, tragar y digerir en un proceso de aceptación. En definitiva echar de menos es tener historia. Si duele hay que trabajarlo, si emociona hay que dejar espacio para sentirlo, si solo son recuerdos hay que ser consciente de la huella que nos han dejado.


jueves, 2 de agosto de 2012

Cómo sentirse optimista

Cara de optimismo
Soy optimista. Me identifico con la idea, la certeza y la creencia de que las cosas pueden ir a mejor. Pero para mi el optimismo es más que una actitud, más que un pensamiento positivo, se trata además de una emoción. No es que crea que hay posibilidades de que algo salga bien, sino que siento que es así. La diferencia radica en que el pensamiento se puede falsear, pero la emoción no.

Todo surge de la lectura de un sugerente post del blog Psicoteca de Nerea Ortega (@cyllan), dedicado a la divulgación de la psicología científica, titulado ¿Es el optimismo real o simple charla barata?. Sin entrar en grandes profundidades teóricas si creo que merece la pena hacer algunas reflexiones en voz alta:


- Es importante seguir avanzando en centrar el foco de la atención colectiva en todos aquellos aspectos que nos acerquen a ser más felices, que nos enseñen caminos para conseguirlo, y la reflexión del post de Nerea lo hace.

Surfeando emociones
- Hay que buscar emociones positivas que empujen nuestra conducta hacia donde nos queramos dirigir. Bien sabemos de la intensidad de alguna de las manifestaciones de las emociones en nuestra vida, así como de la dificultad de bajarse de ellas una vez subidos, como si fueran olas que debemos surfear.


- Parto de la base de que el optimismo puede ser también una emoción positiva vinculada a sentirse capaz, seguro de las propias posibilidades, con sentir esperanza, con estar ilusionado e incluso, a veces con sentir euforia. La compensación emocional de sentir este tipo de optimismo inteligente es muy fuerte por lo que resulta un excelente motivador generador de conducta enriquecedora y de cambio personal.


- Como creo que al igual que el pensamiento, la emoción también puede moldearse, manipularse o entrenarse (dependiendo de quien sea el que dirija el proceso) que es de lo que tratamos en este blog. La pregunta entonces es:


¿cómo podemos ser optimistas?

Hay evidencias que indican que podemos contagiarnos. Es por esto que preferimos estar con gente que nos trasmite ésto en vez de personas que comparten su pensamiento y emoción pesimista. Pero si queremos ser nosotros mismos fuente de nuestro optimismo deberíamos:


CULTIVAR LA FANTASIA Y LA CREATIVIDAD. La capacidad de imaginar distintos escenarios futuros es un factor fundamental a la hora de sentir la posibilidad de alcanzarlos. Se trata también de poder reformar y rehacer o repensar con agilidad nuevas opciones que nos aparecen con los giros imprevistos que la vida va dando.


Alimentar los sueños a diario
CREER EN NUESTRAS POSIBILIDADES. Afortunadamente el ser humano tiene capacidades sorprendentes y cada uno de nosotros dispone de un repertorio de ellas inexploradas que nos permiten ser conscientes de nuestra permanente capacidad de superación. Podemos confiar también en nuestras fortalezas, en aquellos aspectos que la experiencia nos ha demostrado que sabemos hacer bien. y además si contamos con un grupo, un equipo o un colectivo las posibilidades mencionadas se multiplican.


ALIMENTAR NUESTROS SUEÑOS E ILUSIONES A DIARIO. Para complementar la función de la imaginación hace falta el ejercicio diario de usarla aplicándola en nuestra vida. De esa forma podemos explorar nuestros deseos, construir ilusiones, decorar las metas y deleitarnos mientras lo hacemos.


SER FELIZ. Tal vez parezca simple pero: ¿qué mejor atalaya para observar la vida de manera optimista que el balcón de la felicidad? 

miércoles, 1 de agosto de 2012

La soledad y sentirse solo

Mejor solo que mal acompañado
Son varias las personas que conozco que están enfrentándose a la soledad estos días. He tenido la suerte de charlar un buen rato con cada una de ellas y lo que tenían en común es la dificultad para afrontar el sentimiento de soledad. Ellos y las reflexiones derivadas de esas conversaciones son las que han originado este post.


Sentimiento paradójico.

Una paradoja emocional es la de que uno puede sentirse solo estando acompañado. Sentirse solo no significa necesariamente estar solo. Es una mezcla de poner el foco en uno mismo y no poder/querer apoyarse en los demás. Se trata de un sentimiento que indica que uno o bien cree que no puede contar con otros, o bien quiere contar solo con ella misma. Se trata de una sensación que no tiene porqué coincidir con la observación externa del número y grado de relaciones significativas que una persona tiene en un momento dado. Se ve muy influido por emociones como la pérdida, sentimientos como el de la incomprensión o la frustración. Por ello es frecuente que sentirse solo sea una equivocada manera de leer la realidad. Hay ocasiones en el que la soledad es deseada como desarrollo personal, fuente de inspiración o de reflexión.



Soledad y dolor

¡¡¡Estoy solo!!!
Sentirse solo duele sobre todo cuando se ha perdido a alguien, cuando pasas de compartir camino a caminar solo. El dolor indica la importancia de lo construido, señala el vacío que deja la persona que se fue, y el vértigo de tener que seguir a solas. Creo que este dolor hay que domarlo, es imprescindible hacerlo amigo, recorrer con el sendero de la aceptación, no luchar contra el, intentar aprender de lo sucedido y seguir hacia delante. Toda emoción nos muestra caminos de salida.






Mejor solo que mal acompañado

Es verdad que nacemos vinculados tan íntimamente a nuestra madre que, de hecho, empezamos a construir nuestra identidad diferenciándonos de ella. Crecemos entre personas porque nuestra parte social es fundamental y clave en nuestro aprendizaje. Pero esto nos lleva, a veces, a necesitar estar acompañados para cualquier tarea, a una cierta dependencia de la presencia de los demás. Deberíamos esforzarnos en enseñar también la importancia de saber estar solo, como elemento que nos permita decidir cuando, para qué y con quien compartir nuestra vida. Los demás nos aportan grandes cosas, nos enriquecen, pero a veces también pueden ser tóxicos y dañinos. Es un gran tópico pero realmente mejor solo que mal acompañado.



Darse permiso para sentirse solo

Alguna de las conversaciones de las que hablaba al principio giraba en torno al hecho de sentir vergüenza por estar solo en determinados sitios. De hecho me contaban cómo había lugares y situaciones donde no estaba mal visto estar solo. Es evidente que quien siente la soledad como un mal debe hacer también un trabajo de aceptación de la situación, y por supuesto esto lleva consigo el darse permiso para estar solo en cualquier situación. La soledad suele pesar porque lamentablemente no estamos educados para estar bien estando solos, siendo autónomos emocionalmente. Damos por hecho que en la vida siempre nos acompañan personas pero esto no es así ni en todas las etapas de la vida, ni en todos los contextos. 


Lo bueno de estar solo
Tal vez sorprenda pero muchas veces la soledad, y el sentimiento que la acompaña, es deseada y buscada. La introspección es útil para la mejora personal y para la realización de algunos trabajos, como los creativos. Experimentar soledad y familiarizarse con el sentimiento de estar solo es una excelente manera de conocerse a uno mismo. Por ello todos deberíamos ejercitar con cierta frecuencia la soledad exponiéndonos al sentimiento de estar solos.
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