Red de colaboradores

Si disponéis de 5 minutos os invitamos a colaborar en el estudio que estamos haciendo pinchando en el enlace dentro de la pestaña CUESTIONARIOS. Todas las personas interesadas en formar parte de la red de colaboradores ponganse en contacto indicándonoslo a través del mail: emocionarse@gmail.com

Si además os interesa compartir reflexiones sobre cómo mejorar nuestras emociones en la pestaña RED hay una propuesta interesante a la que os podéis sumar.

lunes, 22 de octubre de 2012

Pequeña crónica de desamor.

9 Enero
Ayer paseé por las marismas de Colindres. Mis pasos se mancharon de arena mientras buscaba huellas de alguien que ya no está. No hallé rastro alguno salvo en ciertos guiños violetas en la caída del sol reflejándose en la ria o en las nubes viajeras. Me encuentro lejos pese a que, precisamente, me asome para verla.
Es extraño cómo se trasforma el amor. Ahora creo haber perdido la ansiedad de la pérdida, la fuerza de la esperanza del deseo de un volver. Sigue estando presente en mi vida como un eco de un bello pasaje de mi pasado al que honrar y que disfrutar desde el recuerdo, que es lo único que me queda. Ella se fue, no ha vuelto y ya no especulo sobre ello.

25 Enero
Sigo sangrando mucho y el dolor, a veces, no me deja dormir e interrumpe mi vida. Noto su falta como una merma de felicidad, de ilusión, como un robo cromático. Por eso sigo despistado, dubitativo entre la la búsqueda de una rápida curación con medicinas de última generación, o dejar que cicatrice al aire, a su ritmo.

5 Marzo
Hace días que estoy triste, con una tristeza seca que no moja, que no duele.A veces más que tristeza parece hastío, desesperanza, desilusión... Así estoy. Creo haber llegado a ella de una forma madura, pausada, sin ansiedades ni urgencias. Forma parte de mi soledad, del cansancio de no tener, de que nada quede de lo amado y lo vivido. Son solo fotos y recuerdos con los que curar las heridas del hoy.

martes, 16 de octubre de 2012

Cuento sobre el amor del mar y la playa



Amor entre el mar y la playa
No se sabe, en realidad, cuantas olas nacen y mueren cada día.
Nunca pude terminar de contarlas. Antes de acabar siempre me quedo absorto mirándolas. Y es que siento una gran atracción por su fortaleza y ese afán de llegar a un destino en el que se encontrarán con su final.

 Parecen alegres. 

Algunas, incluso, rebosan espuma de la emoción. También se levantan orgullosas y pasean su energía mientras se alzan ante el inminente contacto con la playa. Y cuando, por fin rompen, mas que una muerte es un estallido que pretende dejar las cosas en su sitio, una especie de aquí estoy yo.

Las olas son fuertes viajeras, peligrosos enemigos en días de mar gruesa, divertidos juguetes en el cálido verano para los niños. Guardan, como todos, diversas caras que presentar dependiendo del viento que sople cada día. En ráfagas el viento peina las olas y debe hacerles sentir tan bonitas que se levantan para que les vean. Más lejos la luna juega con ellas, las enloquece de pasión, marea sube, marea baja, y las olas bailan con la música de su canción

Cuento de amor
Yo las miro silencioso. Soy testigo de ese esfuerzo que me sobrecoge. Pero en ese paisaje me tropiezo, como sin querer, con la playa, con sus sinuosas curvas dando forma a su extensa piel. Quieta y callada, como dormida o ensimismada, un poco ajena a lo que pasa. Tal vez solitaria, triste o enamorada.

Observo su quietud que contrasta con la arrogancia del perpetuo visitante que la asalta un día si y otro también.

 ¿Para qué tan gratuitos esfuerzos?. ¿Para impresionarla o para acunarla en su letargo?.

 En invierno las olas la acarician y con su ímpetu le regalan el calor que a la playa le falta. Por eso duerme tranquila, nada la sobresalta... Ya está el mar cargado de olas para cuidarla. En verano el sol y la gente le traen las sonrisas, los amores y las gracias. La playa entonces florece.

Playa y mar se aman. Uno baña a la otra todas las mañanas. Mientras sigan juntos, uno pegado al otro, no cambiará mi estampa, el paisaje de la mañana.

Cerca y bien atento vive el farero. Enamorado del mar y eterno candidato  a amante de la playa. Por el día duerme por la noche sueña. Siempre mira, espectador de amores ajenos que le habitan.

domingo, 14 de octubre de 2012

Riqueza (emocional) contra el aburrimiento

Estímulo visual
He aprendido que la observación es mucho más que un método de conocimiento. En mi caso se ha convertido en una fuente inagotable que alimenta mi curiosidad a la vez que me sirve para ejercitar la empatía. Años de miradas curiosas me han llevado a reflexionar mucho sobre las causas de situaciones que parecen causantes de infelicidad. A una de ellas le dediqué un post hace ya un tiempo, concretamente se trata del aburrimiento, entendiendo que mi preocupación tiene que ver con las implicaciones negativas que entendía que tenía para quienes los sufren. Básicamente orientaba ese primer relato hacia claves que puedan explicar qué es ese sentimiento y, sobre todo, qué hacer para combatirlo.

Hoy la propuesta es dar un paso más y golpear en la línea de flotación al efecto más perverso del aburrimiento que es la apatía, la inactividad y la atonía emocional vinculada a ella.


Un cuento sobre la riqueza emocional.

La primera propuesta es abrir boca con un cuento titulado "El hombrecito vestido de gris". Se trata de una historia que da título a un libro de Fernando Alonso y que siempre me ha encantado. Narra la vida de un personaje gris. La vida gris, rutinaria, que impide un crecimiento personal, vivida en un contexto que no estimula el desarrollo termina afectando a las emociones pintándolas de ese mismo color gris. En el cuento el hombrecito vestido de gris, que en realidad es un verdadero arco iris en su interior, trata de cambiar su vida, y mientras lo intenta nos muestra las dificultades del camino.

El cuento muestra a un personaje insatisfecho esclavo de una rutina que no le hace feliz. Un día intenta cambiar dejándose llevar por aquello que más le gusta. Pero este cambio le trae problemas. Tantos que le sitúa en una encrucijada. Supongo que nada que no hayamos vivido todos muchas veces en la vida. Es interesante ver cómo acaba el cuento...pero no seré yo aquí quien lo revele...


Riqueza emocional
La emoción de la acción.

Hacer, apostar, caminar, explorar genera un rico conjunto de estímulos cuyos efectos beneficiosos no tomamos en consideración con la suficiente contundencia. No hace mucho y dentro del marco de la jornada #Gorabide2062 asistí a una conferencia de Andy Rinnion (Director del Rix Center) sobre la importancia de la aplicación de las nuevas tecnologías en la intervención con personas con discapacidad intelectual. La principal conclusión me resultó reveladora puesto que su experiencia constataba la importancia de la estimulación de estas personas a través de las nuevas tecnologías. Habían conseguido grandes mejoras personales en áreas tan importantes como la autoestima y la autonomía. Esta revelación rápidamente conectó con mi convencimiento de que la vida es acción, un recorrido jalonado de luces y sombras que no nos deja indiferentes, y que sacude nuestras emociones.



Riqueza emocional.

El estímulo es una oportunidad siempre que estemos en disposición de poder interactuar con él. En realidad nunca es único sino que se nos presentan en conjuntos estimulares complejos con los que conectamos casi permanentemente. La riqueza emocional pasa por la reacción ante este conjunto de universos internos y externos que nos sacuden y nos permiten descubrir nuevas fuentes de emociones positivas de las que beber. Así el desarrollo personal nace de la percepción de esos estímulos como oportunidades, de la decisión de enfrentar los retos que se nos plantean, de la actitud de que la experiencia resultará globalmente positiva por el poso de aprendizaje que nos deja. La gente rica tiene la mente abierta, afronta riesgos y es optimista. Los obstáculos provienen de los miedos, de la inseguridad, de la comodidad o de la negatividad.
¿Un escudo, un ojo...?

Es importante mantener en forma la capacidad de descubrir conexiones nuevas entre estímulos cotidianos y deleitarse con ese ejercicio. La creatividad se entrena, al igual que la riqueza personal crece paralela a la capacidad de aprender de la diversidad que puebla nuestro mundo.

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