Red de colaboradores

Si disponéis de 5 minutos os invitamos a colaborar en el estudio que estamos haciendo pinchando en el enlace dentro de la pestaña CUESTIONARIOS. Todas las personas interesadas en formar parte de la red de colaboradores ponganse en contacto indicándonoslo a través del mail: emocionarse@gmail.com

Si además os interesa compartir reflexiones sobre cómo mejorar nuestras emociones en la pestaña RED hay una propuesta interesante a la que os podéis sumar.

jueves, 23 de mayo de 2013

Ser imprescindible


¿Eres imprescindible?
He dedicado estos meses a la lectura de un par de libros que recomiendo. Se trata de "El elemento" de Ken Robinson y "¿Eres imprescindible? de Seth Godin. Coindide que también ha caído por mis manos esta conferencia del pedagogo italiano Francesco Tonucci que os recomiendo:
https://www.youtube.com/watch?v=aYQm7uWuEwI

Los dos primeros confluyen en algunos de sus planteamientos, o al menos han conectado varias de sus piezas para que yo llegue a ciertas conclusiones.

¿A qué debemos  dedicarnos? ¿Qué es lo que resulta más interesante hacer en la vida? Estas son preguntas claves a las que responder ambos autores desde distintos prismas pero con parecido resultado. Ken Robinson enfoca el asunto desde el punto de vista de la educación. Hace obsevaciones muy sugerentes sobre la perspectiva del niño, de cada niño en concreto, y de cómo el sistema educativo ignora o no tiene en consideración las pasiones de los alumnos. La principal aportación viene dada de su referencia al elemento, que parece ser algo así como un conjunto de acciones en las que el niño (aunque podría ampliarse a cualquier persona) al realizarlas encuentra una satisfacción vital importante no comparable con las que otras actividades puedan proporcionarle.
El elemento

La perspectiva  de Seth Godin es diferente, se trata de una perspectiva laboral. Explica con mucha sencillez cómo hay personas que se hacen imprescindibles en las empresas pero no por sus conocimientos, por sus cargos o por otro tipo de variables clásicas. Para él la clave es convertirse en eje, una especie de artista que emplea ciertas habilidades personales para realizar tareas de una manera que pocas personas pueden hacer y que resultan fundamentales a sus empresas. Pero el eje además actúa por la satisfacción de hacerlo. En este sentido uno de los elementos que definen al eje es que su arte lo regala y con ello nos introduce en la interesantísima cultura del regalo. Es evidente que todos trabajamos por un sueldo pero, según Godin, los ejes ocupando los mismos empleos que otros hacen cosas a las que no están obligados, que a la vez les sale hacer y que marcan la diferencia, precisamente porque son un regalo, porque no las hacen porque deban sino porque disfrutan haciéndolas.


Llevo tiempo rumiando estas lecturas y algunas de las perlas que he extraído de ellas. Pero me gustaría compartir con vosotros, lectores, una visión personal sobre lo que creo que realmente es imprescindible para las personas.

Parto de la evidencia de que hay personas que son imprescindibles para otras. las razones pueden ser muy variadas, pero el hecho es que las hay. Uno no elige ser imprescindible para alguien, sencillamente se hace. Hablo desde un punto de vista emocional, desde un punto de vista de humanidad. Por contra creo que es primordial que uno mismo se sienta imprescindible para si mismo. Me da la impresión de que los miedos, el cerebro reptiliano como dice Godin, la falta de confianza en uno mismo, el quitar importancia a las cosas que nos llenan y por contra dedicarnos a lo que les importa a los demás, son constantes situaciones a las que nos enfrentamos todos y ante las que no nos solemos defender. Ser eje, artista, encontrar el elemento propio que nos satisfaga es saber que hay que vivir caminando sin mapa, o con la única referencia válida de nosotros mismos. Seguramente es un camino en el que muchas veces nos veamos solos, puede que signifique remar contra la corriente, pero en definitiva es un sendero pequeño, estrecho, mal marcado por el que llegamos a la felicidad.

martes, 14 de mayo de 2013

Qué hacer para contagiar emociones positivas

Contagiar emociones
Las emociones se pueden contagiar. 

Son muchas las ocasiones en las que nos vemos más o menos invadidos por las emociones de los demás. Cuando vemos disfrutar a otros, por ejemplo riendo, aunque no sepamos porqué muchas veces terminamos riéndonos. Se contagia lo positivo pero también lo negativo. Por ejemplo se hace referencia a esto último en un reciente estudio sobre el contagio de la depresión que explica que las personas que viven esa enfermedad generan malestar a su alrededor hasta el punto de poder contagiarlo.
 

Neuronas espejo

Recientemente la neurología ha avanzado mucho en los sus estudios y de entre ellos llama especialmente mi atención los descubrimientos realizados en relación al funcionamiento de las neuronas espejo. Gracias a ellas encontramos una excelente explicación científica para la simpatía, la empatía y/o de la falta de ésta. Giacomo Rizzolatti es un neurofisiologo que ha destacado en este campo y sus libros son una buena referencia a la hora de ampliar información.

Pero la cuestión es saber qué hace que nos podamos contagiar emociones, sobre todo con el objetivo de centrarnos en las positivas, es decir, en aquellas que generan bienestar y satisfacción.

En en fondo nos situamos ante un problema de comunicación, ya que el contagio se produce en la interacción, y se traslada tanto de una manera intencionada, como sin intención. 

¿Qué hacer pues para contagiar?

Algunas posibles respuestas:


Sentir en positivo.


Lo primero es conocer cuales son las emociones positivas que con mayor facilidad sentimos. Tal vez sea la alegría porque nos reímos mucho o porque tenemos facilitar para hacer reír. Pero puede ser que tengamos alguna ilusión intensa, o mucha pasión por algo, o tal vez entusiasmo u optimismo. Las emociones deben ser intensas para poder ser más impactantes de cara a los demás. Tenemos que saber en cada momento qué es lo que vivimos con más fuerza puesto que eso será lo que mejor podamos contagiar.



Naturalidad.


La comunicación debe ser espontánea para ser convincente, y sobre todo por honestidad. Lo que tenemos emite y se trata de sembrar y esperar que de fruto. Muchas veces he observado por la noche gente que busca gustar. Se nota tanto que lo que trasmite es inseguridad y ansiedad. Por contra los que se divierten y en ese contexto se relacionan resultan mucho más interesantes, más atractivos. De eso va la naturalidad, de no forzar, de generar un espacio en el que el otro no debe ser contagiado sino sencillamente nos ponemos a emitir en positivo y a esperar.
Match de improvisación



Algunos recursos


La risa es muy contagiosa, el empleo del humor es muy útil, el juego colectivo también se presta a generar situaciones emocionales positivas. Pero podemos compartir proyectos que sirvan para elevar una mirada conjunta y positiva con respecto al futuro.
En cualquier caso además de los recursos cotidianos existen otros extraídos de algunas artes que emplean la relación y la creatividad para la mejora en ese campo. El entrenamiento del contagio emocional puede realizarse también a través de técnicas teatrales como el match de improvisación, el juego de la mirada Clown o el ejercicio de la danza.

jueves, 9 de mayo de 2013

La teoría de las señales (emocionales)

Señales emocionales
¿Te ha pasado alguna vez que mientras se está produciendo una situación compleja, de repente, se cuela a través de la radio, por ejemplo, una canción que parece elegida a posta?

A veces un regalo especial se rompe justo en un momento relevante, una planta que simbolizaba algo importante se marchita de la noche a la mañana, te levantas recordando un sueño con un mensaje contundente para el momento que estás viviendo, o encuentras en un cajón un objeto perdido que en ese momento se hace significativo...

Una pequeña historia real. Mirad, hace años decidí hacer un viaje. Era sábado y no tenía nada pensado para ese fin de semana. Mezclé dos propuestas muy cogidas ambas por los pelos y construí con ellas una pequeña aventura. Tenía que conducir muchas horas hasta Galicia. Salí pronto de casa y vi que casi no había gasolina en el coche. Paré a repostar y mientras lo hacía salió un enorme e intenso arco iris delante mío. El viaje resultó una experiencia mágica en mi vida.


Desde hace años vengo hilvanando lentamente, con la observación asombrada de casualidades relacionadas con sucesos de gran contenido emocional que he vivido, una teoría muy de andar por casa, llamémosla "de las señales". La tesis viene a sostener que hay elementos alrededor nuestro que nos indican si vamos por buen camino, confirman que nuestras decisiones están en sintonía con lo que nos fortalece emocialmente. No es una premonición que anticipe información como las señales de tráfico. Solo nos aportan en positivo, mayormente una seguridad subjetiva con respecto de que vamos en la dirección y el sentido correcto para nuestras emociones. Por ello no hay manera de encontrarlas por mucho que uno busque, no es como cuando el caminante perdido busca indicios que le regresen a la senda correcta. Se trata sencillamente de un encuentro con capacidad de revelación.

En el fondo subyace un elemento, que admito de saque, que es más que discutible, que es el de que pueda haber un tipo de percepción, de alta sensibilidad que nos revelara, instantes después de la acción, una información emocionalmente relevante. No creo que se trate de que hay un destino prefijado, sino más bien, que de todas las alternativas a las que nos enfrentamos a diario hay algunas mejores que otras para nuestro bienestar, y esas señales solo se iluminan avisándonos justo en el instante que las hemos atravesado.

Estas señales no son superstición puesto que no hay elección ni conocimiento previo con respecto de ellas. Tampoco tienen que ver con ningún tipo de percepción extrasensorial puesto que se produce con posterioridad a la acción y, por lo tanto, ni la anticipa ni la determina. Tampoco es un deja vú puesto que no hay percepción de haberlo vivido previamente. Pero, es evidente que si resulta extraña y difícil de explicar.  Son unas coincidencias mágicas sin conexión aparente con uno o con su vida pero con un efecto absolutamente contundente.

Después de mucho pensar y observar creo que de lo que se trata es de que parte de nuestra emocionalidad, biológicamente cargada de energía vital, conecta con otra que despiertan esos objetos o elementos en nosotros en ese concreto contexto emocional. Esa conexión entre partes de nuestra emocionalidad a través de elementos externos provoca una revelación que aporta seguridad y certeza. Salta una chispa que amplia nuestro espectro emocional, que mejora nuestra sensibilizar, y cuya magia resulta especialmente bella.



miércoles, 1 de mayo de 2013

Sonríe o muere

Sonreir
Siento fascinación por las capacidades humanas. Me recuerdo desde siempre observando el comportamiento de los demás y fijándome, sobre todo, en las diferencias. 

Mi vida ha estado siempre orientada hacia los saberes y las experiencias que pudieran ser útiles para el crecimiento humano. He transitado por el voluntariado, por la universidad para estudiar psicología gracias a una cabriola del azar, por el trabajo en organizaciones sociales, por una consulta en la que atender a personas que sufren, por la organización de actividades sociales, culturales, deportivas. 

Sí, he caminado mucho.                                                                                                                                                                                                                                            

Cuando descubrí la Psicología Positiva muchas piezas sueltas en mi cerebro de conocimientos acumulados, y otras tantas de experiencias vividas, encajaron. Sentí que todo adquiría un sentido. Disponemos de los fundamentos de una ciencia y de una tecnología que nos permitirían vivir una vida humana plena. 


Pero no se trata de esto de lo que quiero hablar hoy. Ya he escrito algunos posts sobre esto y seguro que más adelante sigo por ese camino.

Lo que quiero compartir hoy es una serie de reflexiones inspiradas por el visionado de este vídeo que tiene el provocador título de "sonrie o muere":



LO POSITIVO Y LO NEGATIVO

Cada día enfrentamos la realidad. En ella hay multitud de elementos con los que nos relacionamos. Algunos nos satisfacen y nos llevan a emociones positivas, otros nos molestan, nos dañan y generan emociones que nos desagradan. ¿Con qué nos quedamos de todo ello? Con todo, evidentemente. No se trata de borrar lo negativo para solo ver lo positivo. Se trata de vivir todo e intentar desarrollar la habilidad de disfrutar de lo bueno y de rehacerse de lo negativo.


UNA DESILUSIÓN

Pondré un ejemplo personal. Hace unos días he tenido noticia de que un proyecto importante en el que llevaba tiempo trabajando ilusionado se para. Ha sido un revés. Me ha dolido, aún me duele. No hay pensamiento positivo que cambie este hecho. Vivir trae consigo la exposición a riesgos emocionales. Yo me había ilusionado mucho y ahora toca pagar el precio de la desilusión. Estoy rescatando lo bueno que ha habido durante este tiempo, pero no mitiga el dolor. Solo desde lo positivo podré rehacerme y seguir afrontando nuevos proyectos. Ahora estoy en proceso.



MANIPULACIONES

Acostumbro a mirar todo el paisaje que se me aparece delante de mis ojos antes de elegir centrarme en un punto, en un paraje concreto en el que recrearme un rato. Por eso, a la vez que he ido leyendo sobre Psicología Positiva, me he interesado por visiones críticas como la titulada "Magía simpática" publicada en la revista del Colegio Oficial de Psicólogos, o el artículo de Luis Fernandez Rios .
Al hilo de las afirmaciones que contiene el vídeo anterior es evidente que cualquier uso intencionadamente manipulador y/o negativo para el desarrollo humano de esta o de cualquier otra ciencia es éticamente reprobable y debe ser denunciado con claridad.


SONRÍE O MUERE

Risa

No imagino una vida sin sonrisas. Pero una risa natural, espontánea, sincera, no se trata de pasar el día sonriendo automáticamente, pase lo que pase y caiga lo que caiga, eso es sencillamente enfermizo. Sin ilusión la vida pierde color. Pero la actitud y el pensamiento positivo hay que descubrirlo en lo que nos rodea, no se trata de inventárnoslo, o de simular que lo vemos. Morir emocionalmente es no sentir en positivo, no ver luz al final del túnel, haber tirado la toalla con respecto de que se puede cambiar. Por eso creo sinceramente que el que pierde la capacidad de sonreir, muere.

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