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jueves, 29 de agosto de 2013

Tu vida es una mierda

Vida es una mierda
Un título provocador, ¿verdad?.  Hay mucho de escatológico, de superlativo en la afirmación. En realidad es un signo de estos tiempos. Y es que a veces exageramos, queriéndolo o sin querer, dramatizamos dejándonos llevar por sentimientos que nos habitan.  Supongo que es una idea que más de una vez se nos ha pasado a muchos por la cabeza. Al menos confieso que a mi sí que me ha rondado tanto para aplicarmela a mi como a personas con las que tropiezo en la vida. En cualquier me parece tan normal que esta idea nos visite, como que no refleje mucho más que una emoción más o menos intensa en un momento concreto.

Pero es de ley que os cuente de dónde surge el post de hoy. Resulta que hay un seguidor que suele regalar reflexiones que muchas veces me inspiran. Me decía Goio, que así se llama el susodicho, que había leído una entrevista a Albert Pla y que le había llamado la atención su respuesta a la pregunta:  "¿Que pondrías en una pancarta?" El decía (con gran lucidez, en su humilde entender): "Tu vida es una mierda...y lo sabes...".


A través de facebook hemos conversado un poco, sobre todo, para trasladarme los ecos que la afirmación le ha generado en la caja de resonancia que es su cerebro.
Albert Pla

Decía Goio: "La frasecita de marras me ha llevado por distintos derroteros. Por un lado recordaba a los famosos "felicianos" de los que hablabamos en nuestra juventud, gente capaz de pasarlo bien con cosas sencillas (er furgol y esas cosas) sin hacerse más "pajeos mentales", gente cuya vida, desde nuestro punto de vista pseudointelectualoide sería claramente UNA MIERDA...pero como "no lo saben"...pues a lo mejor no lo es tanto. Por otro lado recordaba gente cuya vida es (o al menos parece) interesante (gente inspiradora). Otro camino por el que me llevó la frasecita (quizás el más interesante) fue el de si mi vida era "una mierda" y confieso que es algo que siento unas cuantas veces al día, todos los días. Afortunadamente, a veces tambien siento lo contrario, y tambien todos o casi todos los días. La cuestión no es poner la balanza a ver que ratos pesan más y con ello obtener un valor numérico de mi felicidad-infelicidad. Aunque si parece interesante reducir al mínimo esos ratitos "txungos"..seguro que la "inteligensia" esa de la que hablais es un gran instrumento para ello...
Sigo dándole al bolo y pienso en la "insatisfacción". Si bien una vida llena de insatisfacción es una putada mu gorda, una vida "completamente satisfecha" quizás lo sea más todavía. La "satisfacción" engendra poco o nulo deseo de cambio, poca movilidad...y con ello, mucho tocino. La insatisfacción, por contra, es el motor de cualquier acción...La mayor parte de las grandes obras de arte han surgido de profundas insatisfacciones (incluso a veces de personalidades muy complicadas) si hablamos de otras obras, científicas, solidaria .probablemente también. O sea, una vez más, una vida para no ser "una mierda", tendrá que ser algo (o muy) insatisfecha con lo cual, probablemente, su protagonista...la vivirá "como una mierda" (toma contradicción).
Insatisfecho

Creo que Goio acierta de pleno. La vida es contradictoria, se vive de manera más o menos polarizada, entre lo que se desea, lo que se tiene, lo que se persigue, lo que se ha alcanzado, lo que se sueña, lo que levanta envidias y lo que enciende las nuestras. Por eso hacemos coexistir en nosotros mismos el extasis más sublime con los pestilentes hedores de nuestros fracasos, limitaciones o errores. Creo que es sano sentir que las cosas no van como queremos, incluso que nos sintamos protagonistas de una vida sin demasiado valor. Se trata  Es el juego del equilibrista del que hablabamos el año pasado en el post coral sobre la satisfacción.

Me gustaría añadir un matiz sobre la insatisfacción y el cambio, la acción de cambiar. Parece que, cuando Goio habla de que los avances muchas veces se dan por insatisfacción, la vincula con lo negativo, con lo doloroso. No creo que esto sea siempre así. Hay una insatisfacción positiva de la misma forma que hay una tristeza positiva o un dolor que sana. La desesperación tras la que se produce una creación o un invento genial puede ser origen de avance tanto como la pasión, el fluir en una actividad dada. Es decir, la vivencia de la insatisfacción puede ser positiva también para quien la vive, aunque en ocasiones conviva con emociones negativas. 

Pero también me ha hecho pensar otro aspecto de la historia. Lo sencillo es lo más complejo. El que en una pancanta pone un mensaje así para los demás peca de una cierta falta de respeto, de cierto engreimiento del que se situa por delante de los otros. Goio hacía referencia a que en ocasiones nos hemos referido a los que pensabamos que se conformaban con pan y circo como los "felicianos". Hay una cierta concordancia entre esa denominación y la pancarta del Albert. Me da que muchas veces buscamos sentirnos más valiosos en comparación con los demás y esto, me temo amigo Goio, es un error de juventud que también está cometiendo el amigo Pla.

NOTA: Por cierto, investigando un poco he visto que Albert Pla está promocionando una gira que subtitula como "la vida es una mierda, y lo sabes". Imagino que el origen del comentario de Goio era éste pero lo que nos ha dado que hablar y de qué pensar es diferente. En principio, podemos polemizar lo que querais, pero no comulgo con esta afirmación del original.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Daños colaterales del vivir

Daños colaterales
El día clarea. La luz del faro hace ya un rato que descansa. El trabajo ha acabado por hoy. La noche ha sido tranquila y hemos contado con la ayuda de una luna luminosa que nos hacía compañía.

El faro es un protagonista de luz en la noche, es guía y esperanza en un mundo de tinieblas. Las sombras y las luces juegan partidas diarias que ganan alternativamente unos u otros en función de la hora que sea.

Nosotros solemos hacer la vida en la luz, desde que el sol sale hasta poco después de que se ponga. Es cierto que muchas veces también arañamos tiempo a la noche, pero no deja de ser una prolongación artificial del día gracias a la luz eléctrica.

Esta noche, o mejor dicho, este amanecer mi pensamiento se ha dirigido hacia las personas a las que dañamos en nuestra vida, hacia las sombras que generan algunas veces las luces de nuestra vidas. Queriéndolo o sin querer salimos dolidos o herimos a quienes nos rodean, y muchas veces a quien más cerca están. Hace poco escuché a alguien decir que lo importante era ser buena persona, y así pienso yo también. Pero serlo no nos evita convivir con el dolor puesto que forma parte del juego de luces y sombras de nuestras vidas. Ser buena gente solo nos asegura no buscar el mal ajeno, no ser capaces de disfrutar del dañar. Las personas con mayúsculas estoy seguro que sufren y me temo que, también, hacen sufrir.

Me viene la imagen de un bebé queriendo dar sus primeros pasos, o el tambalear de un niño queriendo domar a su bicicleta nueva que muchas veces vienen bien salvajes. Hay muchos aprendizajes que requieren caídas y solo la suerte hace que de ellas no salgamos magullados. Sin ir más lejos recuerdo como en mi infancia un balón envenenado, que venía buscando el gol en la portería que yo defendía, me rompió una muñeca y el delantero lanzador no fue otro que mi propio padre. Aprender no siempre es fácil y parte del riesgo que entraña es el de que uno debe pagar un precio de sufrimiento por los nuevos conocimientos.

Pero es que lo peor es que saberlo tampoco te libra de accidentes y sinsabores. Un fallo de cálculo, un mal día, un suelo mojado, miles de pequeñas variables cocinadas de forma imprevista pueden hacernos chocar cara a cara con el dolor de nuevo, pese a ser veteranos, pese a las experiencias bien adquiridas.

Lo malo es cuando el dolor no es físico, cuando las heridas no sangran en rojo o no curan con puntos o escayolas. Estamos más preparados para tolerar

Somos injustos con el dolor
al dolor físico o, al menos, enfrentarnos a él. ¿Pero qué pasa con el otro?

Un padre mal educando a su hijo, una pareja que se rompe, amigos que se distancian, son algunos ejemplos de relaciones en las que nos encontramos con personas que se dañan. En ocasiones, además de no intencionados, son dolores que no producen ruido, que no generan un llanto inmediato. Otras veces nacen ríos de lágrimas por la pérdida, las promesas incumplidas y los sueños rotos. Ni siquiera creo que debamos evitarlos puesto que forman parte de la vida. Cuando duele siempre deseamos que lo haga menos intensamente, buscamos analgésicos que lo palien mientras señalamos con el dedo acusador al culpable. Sinceramente creo que nos manejamos mal con el dolor, mejor que mal diría que nos manejamos injustamente con él, porque en definitiva forma parte del envés de la hoja, de la otra cara de la moneda. Si aceptamos con gusto la felicidad del amor debemos ser conscientes del dolor que conlleva el desamor como parte de las mismas reglas del juego, como daños colaterales en la guerra del vivir.

lunes, 5 de agosto de 2013

Curso de Verano del CIE-Innobasque con Rafael Bisquerra

Pablo Cueva y Rafael Bisquerra
Poner en palabras experiencias es un arte porque se trata de un difícil ejercicio de traducción. Este curso avanzado en inteligencia emocional desarrollado el pasado 26 de Julio me ha dado mucho juego, pero estoy seguro que no voy a saber expresar más que algunos destellos. Seguramente por eso me viene a la mente aquel eslogan que decía algo así como "no dejes que te lo cuenten". Yo voy a hacerlo para todos aquellos que no hayan podido asistir pero tengan interés en conocer mi lectura de lo sucedido. En cualquier caso, si tenéis ocasión, la próxima mejor que no os lo perdáis.


Humanidad en comunidad.

La casita, sede del CIE-Innobasque
Por muchas razones me parece que este curso ha sido una prueba de que la humanidad brilla especialmente en comunidad. Por una parte el CIE es un buen ejemplo de red de conexiones de personas apasionadas por la educación emocional, una comunidad en proceso de crecimiento que se enfrenta con entusiasmo a los diferentes retos que salen al camino. Este curso es en buena medida una muestra de esto que digo: una idea para avanzar en lo común que cristaliza en una propuesta ambiciosa, la suerte de que sea posible hacerla realidad, la ilusión y el trabajo de un grupo de personas, la sostenibilidad económica del proyecto y ¡tachán!, objetivo cumplido. Creo que hay que resaltar también, cómo no, la humanidad de Rafael Bisquerra, mallorquín de ascendencia vasca, un hombre sencillo, accesible, colaborador que ha hecho posible esta experiencia y una parte muy importante de lo que ella ha generado.


Inteligencia emocional versus educación emocional.

Curso de verano de IE
Una de las conclusiones a las que llegué después de la exposición sobre las distintas teorías sobre inteligencia emocional, así como de los marcos teóricos sobre la que se sustenta, es la de la  idoneidad del concepto de educación emocional sobre el de inteligencia emocional
Bisquerra detalló los principales modelos de IE son los de Salovey y Mayer (1990), Goleman (1994) y Bar-On (1983), para luego contextualizar algunos problemas en torno al constructo de inteligencia emocional en el ámbito de la investigación en psicología, como la dificultad en la medición por la diversidad de modelos, así como las dificultades por la tradición de las principales escuelas psicológicas entre las que el humanismo aun no ha adquirido un reconocimiento suficiente. Ante un público que percibe la necesidad de trabajar lo emocional en las personas y en la organizaciones el profesor Bisquerra nos situó ante una realidad que cuestiona, por la falta de pruebas científicas incontestables, lo que a los convencidos nos parece del todo una evidencia. Supongo que una manera de solventar parte de estas dificultades es optar, como nos propuso, por adoptar un modelo integrador.

Apostar por la educación emocional, decía Bisquerra, tiene que ver con la necesidad de vincular el trabajo con los valores al de la inteligencia emocional. Esto sucede mucho más claramente en el campo educativo en la medida de que se trata de un proceso y, por ello, centrar el trabajo en el desarrollo de competencias emocionales.
 

La Psicología Positiva, las neurociencias y las competencias emocionales.

Las investigaciones que se están produciendo en el marco del desarrollo de la psicología positiva y de las neurociencias aportan base empírica que justifica la utilidad del concepto de competencias emocionales entendidas como capacidades aprendidas. Los descubrimientos sobre la plasticidad del cerebro, las neuronas espejo, así como los estudios que desde la Psicología Positiva se han realizado sobre las fortalezas humanas indican que hay un margen más que razonable de mejora en relación con las mencionadas competencias emocionales que, además, hay que tener en cuenta que son contextuales. 

Durante la sesión hubo un esfuerzo por concretar razones y traducirlas en datos que justifiquen la rentabilidad colectiva de la inversión en el desarrollo de competencias emocionales. Rafael compartió un estudio realizado en Cataluña en el que concluían que los coste por bajas laborales por problemas derivados de stress, depresión y ansiedad ascendía a 7.000 millones al año. Se ha avanzado mucho en la prevención de riesgos laborales pero en éstos no se contemplan los de tipo emocional.


La persona como centro.

Las personas en el centro
Lo interesante del desarrollo de competencias emocionales, de la educación emocional, del desarrollo personal a través de mejorar en la gestión emocional radica en que el objetivo es el bienestar personal, la búsqueda de la felicidad, es decir en ubicar a la persona en el centro de la intervención. Hubo un interesante debate sobre cómo de no adoptarse esta perspectiva la IE corría el riesgo de ser instrumento contra las personas. En concreto se mencionó el mal uso de estos conocimientos en las organizaciones, pero supongo que la lista podría aumentar fácilmente. De hecho toda esta preocupación, el estudio, el desarrollo de metodologías, las intervenciones en diferentes ámbitos adquieren sentido y utilidad cuando se ponen al servicio de las personas. Las aplicaciones en el campo educativo, en el de las organizaciones de todo tipo y en las personas interesadas parten del objetivo de la búsqueda de un bienestar personal, de un fluir, que se puede acercar mucho a lo que entendemos por felicidad.

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