Red de colaboradores

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Si además os interesa compartir reflexiones sobre cómo mejorar nuestras emociones en la pestaña RED hay una propuesta interesante a la que os podéis sumar.

lunes, 24 de febrero de 2014

Lo que soy capaz de ver del futuro

Lo que veo del fututo
No soy de adivinaciones ni de suposiciones. Más bien de pruebas y hechos. Pero charlando el sábado con dos jóvenes sobre su futuro me he dado cuenta de que soy capaz de ver elementos de un futuro que, tal vez porque ya está aquí, nos deja ver alguna de sus características.

Ellos, estudiantes de bachillerato, hablaban de carreras universitarias, de medias, de acceso a estudios que les permitieran encontrar un trabajo vinculado con sus gustos y con un buen sueldo. Cuando hace 30 años yo tenía su edad el planteamiento era semejante. Entonces resulto no ser correcto aunque por suerte, o por intuición, yo acerté. Estudié psicología después de una serie de peripecias dignas de un post. Pero de mi promoción de 150 alumnos creo que tal vez no llegue al 10% los que hoy se ganan la vida con sus estudios. Es decir el 90% vivimos, yo entre ellos, de otra ocupación diferente a la que nos habilitaba la carrera que elegimos. Tal vez en otras carreras los porcentajes no sean tan llamativos pero de hecho fuimos parte de una generación en la que, a poco que se pudiese, un estudiante terminaba llegando a la universidad.

Hoy mi vida laboral es múltiples. Tengo un trabajo que me da el sustento que necesito para mi familia. Pero además tengo otras actividades complementarias que me aportan menos ingresos pero muchas otras cosas. Creo que el futuro va más por aquí. Creo que se va a parecer más a lo que vivo ahora. Es decir, habrá una ocupación laboral dirigida a la sostenibilidad que en cada momento la persona necesite; y habrá otra de creación de valor que pueda permitir crecer como personas y, por ende, aspirar a otro tipo de trabajos.

Me parece evidente que el trabajo no cualificado va a ser sustituido por máquinas en pocas décadas (al menos en las economías avanzadas) siempre que resulte más barato que emplear a personas, por supuesto. Por eso las personas tendremos que ofrecer al mercado laboral, y a la comunidad, elementos que aporten un plus que las máquinas no puedan hacer. 

Además creo que hay otros dos factores que van a ser claves. Uno lo estoy viviendo ya. Se trata de la colaboración, la generación de redes de apoyo, de intercambio de conocimientos o de servicios. El valor de lo que hago se multiplica cuando, a veces, colaboro con otros para generar algo mayor. La red va a jugar un papel estelar en este sentido. La competitividad va a centrarse en la capacidad de generar más y mejores colaboraciones, ¿qué paradoja, verdad?

Futuro

El otro factor es el decrecimiento. Me parece que es inviable que cada ciudadano tenga todo de todo. Es más sostenible compartir usos en vivienda, cuidados, trabajo o en transporte, por ejemplo. No parece viable que todos sigamos creciendo económicamente, salvo que aceptemos que solo algunos podrán hacerlo y beneficiarse de ello.

Es decir, veo un futuro en el que los que apuesten por su vocación, por cierta gratuidad colaborativa y un uso compartido de ciertos recursos lograrán mayores niveles de bienestar. Un futuro en el que haya un nuevo equilibrio entre los distintos bienestares humanos en el que el material va a tener que ceder terreno al físico, al social, al emocional y al vocacional.

miércoles, 19 de febrero de 2014

La moda de lo emocional

Ideas sencilla
Llevo tiempo rumiando una idea sencilla. Tal vez esas suelen ser las mejores, pero paradójicamente hay que dedicarlas más tiempo. Lo sencillo requiere pasar más exámenes porque, aparentemente, no nos encaja con la complejidad a la que nos hemos acostumbrado. Es como repasar una cuenta matemática fácil por el temor de que encierre algo que se nos está escapando. Nos decimos "no puede ser tan sencillo"...

Las respuestas sencillas son más bellas. En lo emocional la sencillez tiene que ver con la sinceridad. La mentira siempre debe disfrazarse, cubrirse el rostro para no ser descubierta. Lo sencillo no es lo cómodo, no es lo fácil tampoco. Lo sencillo es lo que está en nuestra mano, lo que podemos hacer nosotros mismos, lo que está a nuestro alcance, sin necesidad de mediaciones humanas ni tecnológicas. Claro, posiblemente es una visión personal de la sencillez. Pero la sinceridad emocional es el espejo en el que extraigo la imagen con la que construir esta visión. Me gusta la gente que busca la autenticidad, la que sigue una coherencia emocional y personal, la gente sin doblez, la que va de cara y por ello la ves venir. Reconozco que admiro esa coherencia aunque no comparta las razones, las ideas que puedan estar detrás.

Emocional
La idea a la que me refería, y que me persigue, es la de cual es el valor que genero. Me preocupa que mi trabajo, la dedicación que invierto en lo que hago, genere valor para la comunidad, un valor cuantificable, visible, medible. Creo que vivimos un tiempo en el que las cosas no son lo que son, de falta de autenticidad. Los alimentos han perdido su sabor original (me di cuenta hace poco cuando me dieron una mandarina de verdad),  la realidad virtual gana terreno, vivimos en una crisis de valores que hace que las personas nos comportemos como camaleones adaptándonos y perdiendo, a veces, la esencia de nosotros mismos. Pensar en el porqué recibo un sueldo, o en porqué pago por un servicio se me ha revelado un poco revolucionario. ¿Merezco lo que cobro? ¿Qué hace que lo merezca? ¿Qué valor tiene aquello por lo que pago? ¿Qué valor le doy yo a aquello por lo que pago?

Lo emocional está en auge, tal vez incluso de moda. Pero, ¿qué es lo que aportamos a la comunidad y a las personas? No creo que haya que aprovechar oportunidades sino trabajar para generar nuevas respuestas, nuevos recursos. Tal vez asisto cansado a un repicar de las mismas campanas, sin avances, sonidos conocidos combinados para que parezcan nuevos. Mi preocupación sigue siendo abrir caminos a través de los cuales las personas puedan tener competencias emocionales que les permita vivir con un mejor nivel de bienestar de la forma que recientemente definía Rafael Bisquerra.

Creo que es necesario hacer más que hablar, básicamente porque tengo la impresión de estar siempre en un eterno bucle de diálogo. ¿De qué sirve la reflexión o el aprendizaje sobre lo emocional si no llega a la gente? Ahora mismo lo que más valoro tiene que ver con el desarrollo de tecnologías que favorezcan la educación emocional, la adquisición de competencias emocionales. Así como también sueño con un espacio donde poder realizar proyectos de intervención que lleguen a todas las capas de la sociedad.

viernes, 7 de febrero de 2014

Inteligencia emocional y rentabilidad


Soy psicóloga especializada en Recursos Humanos. Creo firmemente que la clave de una organización está en sus personas, y en la capacidad que tenga para propiciar que se desarrollen y se impliquen, así como en atraer y retener a las que demuestran su valía. Como tengo esta creencia y me entusiasma mi trabajo y las posibilidades que ofrece, continuamente estoy hablando sobre temas como la inteligencia emocional, la comunicación, la participación, la escucha activa y cosas por el estilo. En mi oficina estoy rodeada de gente de números, entorno en el cual puede decirse que soy la persona que introduce aspectos un tanto novedosos en el día a día. Así que el día que aparecí hablando de Inteligencia Emocional, mis compañeros de números me plantearon las siguientes preguntas, cuyas respuestas pienso que pueden ser interesantes para todas aquellas personas que, como ellos, necesitan argumentos sólidos y no sólo palabras bonitas para considerar la utilidad de las cosas.

La primera pregunta, por supuesto, fue: “¿Pero qué es eso de la Inteligencia Emocional?”. La respuesta es relativamente sencilla: manejar inteligentemente las emociones. Lo cual tiene una importancia vital, porque las emociones están presentes en todos los ámbitos de nuestra vida, incluyendo el trabajo, no son un abrigo que colgamos al llegar a la oficina o la fábrica y nos volvemos a poner al marcharnos a casa. Y si alguien tiene alguna duda sobre este punto, le planteo que preste atención en la próxima reunión a la que tenga que asistir y se fije en las emociones que se ponen en juego, cómo se expresan y en cómo afectan al desarrollo de la reunión y a la toma de decisiones.
Una vez despertado el interés, llega el desánimo: “Pero eso...será difícil. Yo soy como soy, y no puedo cambiar”. Tengo una buena y una mala noticia para quienes utilizan este argumento (¿o excusa?) para seguir haciendo siempre lo mismo. La buena noticia es que el carácter, que es la base de este razonamiento, tiene tres componentes:

CARÁCTER = TEMPERAMENTO + HÁBITOS + PENSAMIENTO

De estos tres componentes del Carácter, el Temperamento no se modifica o se modifica muy poco a lo largo de nuestra vida. Pero los Hábitos son adquiridos, y se puede aprender a Pensar de forma positiva. Así que la buena noticia es que de los tres componentes del carácter, podemos intervenir sobre dos de ellos, de manera que... ¡podemos cambiar! Si no cambiamos es porque no queremos, en el sentido de que para aprender algo, cómo es la adquisición de nuevos hábitos o el pensamiento positivo, tenemos que querer el cambio, tenemos que encontrar la motivación, la fuerza que nos mueve a la acción.

La “mala” noticia es que esto nos va a costar un esfuerzo, y un esfuerzo importante, porque para cambiar hábitos hay que adquirir otros nuevos, y la siguiente pregunta que se plantea, la tercera, es: “¿Cómo se aprenden nuevos hábitos?” Cuando hablamos de adquirir nuevos hábitos hablamos de adquirir nuevas competencias, es decir, comportamientos observables, habituales y que conducen al éxito. Esto quiere decir que hablamos de acciones medibles que se pueden aprender.
¿Cómo aprendemos? Siguiendo cuatro pasos:
1º Somos inconscientes de la incompetencia. En el momento en que me doy cuenta que hay algo que no sé hacer, puedo ponerle remedio, antes no.
2º Somos conscientes de la incompetencia, ahora podemos decidir si adquirimos un nuevo hábito o no.
3º Supongamos que hemos decidido que sí, que merece la pena aprender algo nuevo, y trabajamos para adquirir el hábito. Ahora somos Conscientes de la nueva Competencia adquirida, tenemos una nueva destreza, que ponemos en práctica, al principio con mucho esfuerzo y poco a poco con mayor facilidad.
4º Si somos constantes, llega un momento en que dominamos la competencia y no necesitamos hacer un esfuerzo consciente para ponerla en práctica, la hemos interiorizado y se ha convertido en un hábito, ¡enhorabuena! Somos Inconscientes de la nueva Competencia.

La cuarta pregunta, o reflexión, porque se plantea de las dos maneras, es: “Pero esto, ¿cuesta mucho? Seguro que lleva bastante tiempo”. La verdad es que es necesario un esfuerzo, aunque yo diría que como bastantes cosas que merecen la pena. Si pensamos en todo el tiempo que hemos dedicado en nuestra vida al aprendizaje de materias como las matemáticas, el lenguaje, la historia,... el tiempo dedicado a estudiar una carrera, y luego pensamos en el tiempo que hemos dedicado a aprender a manejar inteligentemente las emociones, ¿cómo nos sale el balance? ¿Acaso no merece la pena dedicar un poco de esfuerzo consciente a practicar el autoconocimiento, la autorregulación emocional, la empatía, la motivación, las habilidades sociales? Sinceramente,creo que sí. 

Y a partir de aquí, me plantean la quinta pregunta: “Vale, merece la pena, ¿y esto se puede aprender?”. Rotundamente, sí. SÍ. La inteligencia emocional se puede aprender, y se puede desarrollar y de hecho se desarrolla a lo largo de toda la vida de una persona, independientemente de la edad que tenga. En este punto, como ya hemos agotado las preguntas que se refieren a uno o a una misma, ¿qué pasa? Pues que la siguiente cuestión que se plantea, que hace el número seis, se dirige al exterior, al entorno. Y normalmente va acompañada de un suspiro:
“Pero con Fulano, o Mengana, no hay nada que hacer. Porque todo le parece mal. Y esto en mi empresa no va a funcionar, porque tengo un grupito que hagas lo que hagas, te lo revienta”.
Para responder a esto, yo me fijo en la Campana de Gauss. Cuando planteamos algo, siempre vamos a encontrar personas que se opongan. Pueden tener una razón personal, una experiencia previa negativa, una actitud que les impide ver lo que puede tener de positivo algo nuevo. Pero van a estar ahí, y tenemos que contar con esas personas.
También vamos a encontrar personas que se entusiasmen, que les parezca una buena idea o que sientan curiosidad por algo nuevo que les resulta interesante, personas dispuestas a tirar del carro. Y por último, vamos a encontrar muchas personas que van a estar ahí, en medio, que no se van a entusiasmar y tampoco a tirar piedras, que van a mirar qué hacemos y a colaborar si se lo pedimos.
Curiosamente, solemos poner nuestra atención en el primer grupo de personas, las que no quieren. Bueno, ¿y por qué no nos fijamos en el resto? ¿Vamos a olvidarnos sistemáticamente de las demás, de aquellas con las que podemos contar o por lo menos esperar que no nos torpedeen las ideas nuevas? Pues yo planteo que le demos la vuelta a la tortilla: vamos a apostar por estas personas, por las que se entusiasman, por las que colaboran, sin olvidarnos de las otras pero sin dejar que nos lastren y nos condicionen.
Algo importante que tenemos que considerar aquí, y más en el tema emocional, es que las actitudes y emociones se contagian, y que si trabajamos con el colectivo más receptivo, algo se les pegará a los de la cola.

Ya vamos llegando al final, y como suele pasar, llegando al final recapitulamos y retomamos las preguntas iniciales, y surge la séptima pregunta: “Vale, esto de la Inteligencia Emocional está muy bien, pero... ¿qué tiene que ver con la rentabilidad? ¿Cuál es su relación con la empresa?”
Pues a estas alturas de la película, me lo habéis puesto muy fácil. Está reconocida y demostrada la importancia de la motivación de las personas, suimplicación y participación, y el ejercicio del liderazgo como aspectos fundamentales para una buena marcha de la empresa. Se buscan personas que sean capaces de auto-dirigirse y auto-motivarse, que sean proactivas, capaces de trabajar en equipo y dirigir y motivar a otras personas. Todo esto está directamente relacionado con la inteligencia emocional: la capacidad de autorregularse, de relacionarse con otras personas, de gestionar conflictos, de conseguir un buen clima laboral, reducir el absentismo...
Los modelos de liderazgo más actuales están estrechamente relacionados con la Inteligencia Emocional. Existe un modelo que identifica las competencias para el liderazgo, y de las 25 competencias descritas, 19 están directamente relacionadas con la Inteligencia Emocional y 6 tienen un carácter más técnico.
Como ejercicio, os propongo lo siguiente: Pensad en una persona con la que hayáis trabajado y que consideréis digna de admiración, que obtenga buenos resultados y que consiga que las personas trabajen, se impliquen y ofrezcan lo mejor de sí mismas ¿Qué características tiene esa persona? ¿Qué conductas manifiesta? ¿Cómo se comporta con el resto de las personas de su entorno? ¿Cómo se comporta contigo?
¿Ya lo tenéis? Sinceramente, ¿cuántas de estas características y comportamientos guardan relación con la inteligencia emocional? Creo que habéis contestado perfectamente a la séptima pregunta.
Con lo que cerramos el círculo y podemos concluir que, si una empresa rentable guarda relación con la participación y la implicación de las personas, con un clima laboral favorable que reduzca el absentismo y la rotación no deseada, y con el ejercicio de un liderazgo orientado a los resultados y a las personas (que por cierto, son las que consiguen los resultados) y todo esto está relacionado con las emociones y su manejointeligente, las emociones guardan, sin ninguna duda, una estrecha relación con la rentabilidad.
Así que acabamos volviendo a los números de mis queridos compañeros, que consiguen, con sus dudas, sus preguntas y su curiosidad, mantener la relación entre la razón y las emociones.

Sonsoles Castrillo Ramonell
Zubizarreta Consulting 

Artículo completo:
http://www.grupozubizarreta.com/IEyRentabilidad
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