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jueves, 30 de abril de 2015

Detecta mentiras

Detecta la mentira en la imagen
Nos preocupa detectar las mentiras de los demás. A veces vamos temerosos de ser engañados. Y esta preocupación nos alcanza en todos los ámbitos de la vida, en el trabajo, en la vida familiar, en las relaciones personales y en el amor. Es necesario desconfiar para evitar males, para defender lo propio,  para mantener nuestra dignidad como personas. Por ello solemos estar satisfechos cuando cazamos a un mentiroso, nos sentimos inteligentes, tal vez más que aquel que nos ha intentado embaucar. Hay quien hace de este tic defensivo una especie de deporte intelectual, casi equivalente al ajedrez, a través del cual demostrar que a nuestra capacidad no la engaña nadie.

Tal vez por todo esto, aunque no solo, asistí la semana pasada a una jornada en la que Juanan Anta del Grupo Detecta hablaba de métodos científicos de detección de mentiras. Muy interesante, la verdad. Supongo que desde entonces se ha ido cocinando este post en la trastienda de mi pensamiento.


Nuestras propias mentiras.

Lo primero que me deja perplejo es el interés que despiertan las mentiras ajenas cuando las que más daño hacen son las propias. La mentira es la ocultación de la realidad y el engaño es la intención y la acción de que alguien de por buena una mentira. Pues creo que acostumbramos a no mirar ciertas partes de nuestras vidas (lease mentirnos) y que, si esto no fuera poco, lo aderezamos con el hecho de dar por bueno lo que no lo es (lease engañarnos). No suena muy bien, verdad? Mientras nos esforzamos en que no nos den gato por liebre, resulta que somos nosotros los que nos adulteramos la realidad para sufrir menos. Patético!!!!


Los engañadores profesionales.

Otra de las reflexiones que me gustaría compartir tiene que ver con la distracción en el engaño. Cuantas veces hemos jugado a hacer creer que iba a pasar una cosa para poder hacer justo otra distinta. Me da que algo así pasa a escala planetaria. Hay un interés en promover la desconfianza, el temor, la necesidad de defenderse de enemigos invisibles. Y en esto gastamos todos muchos recursos, mucha energía. ¿¿¿Y si todo fuera una enorme cortina de humo para que no miremos donde debemos??? Y no se trata de solo de construir preocupaciones vanas, sino sencillamente mantenernos ocupados en tareas menores que nos impidan prestar atención a lo realmente trascendente. Hemos pasado tiempo preocupados en cerrar bien las puertas de nuestras casas y, de mientras nos han robado los recursos comunes y espacios importantes de nuestra libertad.


Recomendaciones para no dejarse engañar.

No es mi estilo lanzar mensajes negativos. Por eso permitidme algunas ideas para evitar engaños:

- Rodéate de confianza. Nada más eficaz contra el engaño que la confianza. Construyendo relaciones justas, respetuosas el engaño es mucho,
mucho menos probable.

- No temas sentirte engañado. Si hay personas que quieren hacerlo que lo hagan, incluso puede que lo consigan. Solo puedo sentirme engañado si previamente he confiado, que es una de las emociones que más seguridad personal e interpersonal generan. Es mucho peor no sentirse engañado porque eso esté vinculado con no confiar en nadie.

- Comprende cómo funciona nuestra percepción, así como sus limitaciones y sus reglas. Solo así podrás entender la relatividad de nuestra capacidad de acceder a la realidad.

- Sobre todo descubre tus emociones, tus deseos, tus sueños. No construyas tu vida sobre el engaño de lo que debería ser en vez de lo que realmente te hace feliz.


¿Confias o prefieres que no te engañen?





martes, 7 de abril de 2015

En busca de sentido, dejando atrás la mediocridad.

Disfruté mucho estos días leyendo este manifiesto sobre el triunfo de los mediocres por su claridad y contundencia. Conformarse es renunciar a lo que te gustaría ser por el convencimiento de que no podrás alcanzarlo, aunque también puede ser el efecto del deseo de encajar, de ser normal y no sentirse raro o divergente. En cualquier caso puede haber de fondo un aprendizaje equívoco, una necesidad social o, simplemente, un error de comprensión del mundo que nos rodea en el contexto de la batalla de la insatisfacción.

Mi vida ha estado construida por experiencias imposibles, bueno mejor dicho impensables antes de hacerlas realidad. Tuve la suerte de crecer en un entorno en el que aprendí a esquivar las limitaciones que impiden soñar en grande. Es evidente que siempre hay obstáculos en el camino. A veces, éstos, hacen que tengan que dar la vuelta y buscar otro objetivo, aunque casi siempre hay alguno muy parecido al alcance de tus posibilidades. La primera clave es no obcecarse con una meta en concreto sino con un área en la que ir escalando pequeñas metas.

El grupo eskaut de mi barrio, "Zurbarango Eskautak", fue el principal responsable de esto que os cuento. De entre todas las cosas que podría contar sobre ello bastará hacer una pequeña lista de hazañas: el campamento zíngaro haciendo teatro por los pueblos, la pintada de las focas en un lugar céntrico de la ciudad, las marchas volantes por zonas de montaña en régimen de autosuficiencia...

En busca de sentido
Más tarde, desde un punto de vista más personal, fue el vivir el amor de pareja sin pensar por un instante si estaba o no fuera de mis posibilidades. Esto me llevo a vivir intensamente grandes historias de amor y de desamor, algunas de las cuales eran también impensables antes de que se produjeran. La experiencia de abrir mi primera consulta, este blog, los eventos organizados y los proyectos realizados para las organizaciones en las que he trabajado han seguido alimentando el argumento que os presento.

No me gustaría que los ejemplos que comparto de mi vida confundieran a nadie. La mediocridad no se mide o se deja de medir por la notoriedad, por el éxito personal o profesional, no!!!!! La cuestión es que cada cual busque lo que de sentido a su vida, lo que en cada momento le aporte más en el contexto de sus posibilidades. Para mi un ejemplo son los niños, su deseo de explorar y aprender, su fascinación ante cada uno de los descubrimientos que van haciendo les lleva a ser seres brillantes, coloridos, lo que a mi entender es la antítesis de la mediocridad cuyo mejor representante sería "El hombrecito vestido de gris". Cuando somos adultos la vida se complica y por ello es más difícil mantener el brillo en los ojos. Pero complicado no es imposible, e impensable solo requiere de imaginación y deseo de encontrar caminos por los que seguir avanzando.

Más que de coraje, que también, al final creo que se trata de una cuestión de insistencia, de paciencia, de resiliencia y, seguro, que de mucha ilusión y entusiasmo. Ser mediocre es cómodo, tal vez esté hasta premiado hoy en día, pero no es camino para quien desee encontrar sentido en la vida, para quien desee alcanzar mayores cotas de bienestar, para quien sencillamente busque ser más féliz.
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