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domingo, 17 de abril de 2016

(Re)Escribir tu historia personal a través de abrazos

Abrazos
Me gusta mucho la terapia narrativa. De hecho la trayectoria de trabajo con el teatro social y la improvisación hace que me sienta especialmente cómodo con esta perspectiva. Por eso me he lanzado a proponer un juego que tiene algo que ver con observar cómo construimos los relatos de nuestras vidas.

Esta idea comienza con un abrazo que Aitor me dio hace unas semanas. Era una situación especial, lo disfruté y seguí con mi actividad. Pero la verdad es que me ha dejado pensativo.

Os cuento. Conozco a Aitor desde hace unos 25 años. La vida nos unió. Nos caímos mal, luego fui su jefe, trabajamos mucho y disfrutamos mucho también haciéndolo. Luego la vida, que es así de caprichosa, quiso invertir los papeles y él fue mi jefe. En casi todas las etapas hemos pasado momentos buenos y malos. En el último año la vida nos ha separado. El abrazo era de despedida tras un encuentro. Ambos sabíamos que nuestros caminos se iban a separar definitivamente. Antes de que eso pasase hubo un pequeño favor que hacer. Su abrazo lo interpreté mitad agradecimiento, mitad despedida. No recuerdo que en 25 años nos hubiésemos abrazado, y menos así.

Ese abrazo pronto me recordó otros anteriores. Y ejercitando mi maltrecha memoria poco a poco mi mente fue poblándose de las imágenes de otros abrazos que dejaron huella en mi vida. Por eso ha sido fácil pensar en compartir mi historia personal a través de los abrazos. Por eso he pensado en jugar a contar la historia de mi vida a través de ellos.

Como ya calzo 48 años solo hablaré de algunos... Todos serían demasiados para un solo post...

Abrazos de padres e hijos.

No se cuando aprendí a abrazar pero seguro que el primer abrazo que sentí fue el de mi madre. Ella no es de muchas demostraciones de afectos pero yo juego con los míos para seguir alimentándome de los suyos. También recuerdo los primeros instantes de cada uno de mis hijos en mis brazos. Me resulta tan difícil pensar en abrazos más deseados... Una vez que van creciendo los abrazos tienen, a veces, apellidos y por eso hay abrazos de perdón, de te he echado de menos un montón, de aleja de mi estas pesadillas, o tan simples como para dar las gracias. Hay también una modalidad que practico mucho que es la de jugar a abrazos donde cada cual solo da y recibe abrazos de todos los tamaños y colores con la única misión de disfrutar de ellos.

Abrazos de amores.

Tu historia a través de abrazos
He amado mucho y en cada amor hay una colección de abrazos dignos de un capítulo. No se porqué pero tengo más vivos los primeros abrazos, casi siempre obtenidos instantes después de saber que el amor que me desbordaba a mi también lo hacía a ella. En el amor recuerdo abrazos desesperados, señalando la proximidad de algunos abismos, o tan solo de despedidas no siempre deseadas completamente. En el amor hay también un pequeño número de abrazos furtivos, aquellos dados y/o recibidos con un amor inconfesable, disfrazados de cualquier otra cosa. Quedan los abrazos de la pasión, deudores de cada una de las veces que he deseado fundirme con otra persona, con otro cuerpo.

Abrazos anónimos o no tanto...

Tal vez los párrafos anteriores son los previsibles. Pero el resumen de mi vida de abrazos no estaría completo sin los abrazos casuales, los más o menos anónimos. Uno de éstos podría ser el de Aitor con el que comenzaba el post. Os contaré alguno más. No hace mucho mi compañero Julian Pelacho vino a dar un curso. Su abrazo me conmovió. Hay personas como él con un grado de sinceridad y emocionalidad que es capaz de condensarla en un abrazo. No supe, pude o no me atreví a aceptarlo y disfrutarlo pero, al menos, creo que aprendí alguna lección. Mis abrazos con otros hombres me hablan mucho, la verdad. Se que me he construido a base de los abrazos que he dado y que he recibido. Todos ellos eran el medio con el que trasmitir una emoción, y son estas las que nos construyen. Abrazos de agradecimiento, de respeto, de amor, de admiración, que tranquilizan, que excitan, abrazos de amor, de ternura, de arrepentimiento....


No os dejeis engañar por las anteriores líneas. Como buen vasco no soy muy dado a demostraciones físicas de afecto, pero tengo que reconocer que por mis abrazos me reconoceréis. Solo queda invitaros a hacer este mismo ejercicio y descubrir qué historias están detrás de los abrazos que os han hecho como sois.


domingo, 3 de abril de 2016

Capacidad de ser feliz

La última entrada la dediqué a la incapacidad de ser feliz. Creo que debo explicar cómo he llegado a la certeza de que somos capaces de ser felices. Para ello solo compartiré algunas vivencias personales.
¡¡¡Puedo ser feliz!!!


La vida es dura, pero no solo es eso...

Todos enfrentamos dificultades. La felicidad no consiste en la evitación de la dificultad puesto que antes o después te encuentra. La clave es saber que la dificultad pasa y que hemos de aprender de ella. Los peores momentos de mi vida seguramente fueron con el rechazo que sufrí en la adolescencia, con amores no correspondidos, con varias rupturas amorosas de distinto tipo, con maltrato laboral, traiciones personales y enfermedades graves de personas que amo... Se lo que es pasarlo mal. Pero de la mayoría de esos problemas salí fortalecido, con nuevas lecciones aprendidas. En este contexto adquiere sentido hablar de la resiliencia que es mucho más que la simple tolerancia a la frustración.


Como llegar a ser más resiliente.

Lo primero que me pide el cuerpo es recomendar el pequeño libro de Luis Rojas Marcos "Superar la adversidad. El poder de la resiliencia". Pero, en este sentido, mi experiencia habla de dos claves.

La primera es la de vivir intensamente lo que toque, aunque sea malo. Se trata de intentar hacer todo lo que está en tus manos para que las cosas salgan como deseas. Parecerá bobo que lo diga pero para esto es necesario saber qué es lo que anhelas y, además, pelearlo hasta no poder más. Nada de esto nos asegura resolver favorablemente los problemas, tenemos que contar con la posibilidad de salir derrotados, pero lo fundamental es tener la certeza de haber hecho todo lo posible. Aunque la vida nos derrote no nos puede quitar el logro de haberlo intentado.

La segunda tiene que ver con la construcción positiva del relato sobre lo que nos pasa. La mayoría de las personas cuentan sus problemas como desgracias, incidiendo en el papel de víctima y en la responsabilidad de los demás. Esto es un error enorme. Tal y como comentaba antes, si construimos relatos en los que nuestro esfuerzo, la satisfacción por la responsabilidad asumida, comparte protagonismo con el resultado final de la historia, nuestra autoeficacia aumentará. No se trata de que mi pareja me haya dejado, o que la enfermedad me haya arrebatado capacidades importantes para mi. Se trata de poner el valor lo que disfrute con mi pareja o las capacidades que tengo para seguir viviendo.



La importancia de la magia.

Creer que es posible es básico. Mi vida se ha construido de dificultades entrelazadas con milagros. De hecho, en algún otro post ya he hablado de mi particular teoría de las señales emocionales o de la intuición. Tengo la experiencia de que lo imposible a veces pasa.  Como cuando el primer día en la universidad para estudiar económicas mi madre me pregunta si quiero hacer psicología, habían conseguido mi ingreso!!! Como cuando la vida me dio una segunda oportunidad tras un accidente casero. Como cuando un amor imposible, o varios, se hacen realidad. Como mil otros hechos más que una y otra vez me recuerdan que, aunque la mayoría de las veces que peleamos perdamos, otras se gana y hace que todo merezca la pena y tenga sentido.

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