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martes, 13 de diciembre de 2016

Historias de psicoterapia

Historias de psicoterapia
Me gusta contar a veces cosas que pasan en la intimidad de la consulta. De hecho ya ha habido una vez más en la que he escrito sobre historias de psicoterapia. Hoy solo es el texto íntegro recibido por mail de una de las personas a las que he acompañado este año en un proceso de terapia. Habla por si solo. Me parece importante darle la oportunidad de ver la luz con el objetivo de vislumbrar lo que sucede cuando se cierra la puerta y para ayudar en el lio de elegir psicoterapeuta...


Hola Pablo,

Creo que debería centrarme en observar y valorar la ansiedad durante un tiempo. No sólo quiero mantenerla bajo control, sino que deseo que desaparezca. Es incoherente y obstaculizadora en mi modo de entender y ver la vida. Emborrona mi esencia y no estoy dispuesta a que me machaque indefinidamente. A lo mejor ambiciono demasiado, quizás, pero esa actitud de víctima que, sin querer, me he echado a la espalda, no ayuda en absoluto. Debo olvidarme de víctimas y verdugos.

Estoy convencida de que tu guía me ha servido para ponerme cara a cara con la ansiedad y conocerla lo suficiente como para saber más o menos manejarla, y no a la inversa. Ha sido bastante duro, te lo aseguro. El miedo me perseguía a diario. Pero dicen que sólo los valientes se enfrentan a sus miedos. Y la valentía es una cualidad positiva.

Tus palabras me han sosegado y calmado en cantidad de ocasiones. He sentido consuelo y comprensión. Llegué a esa sala de Marqués del Puerto muy desorganizada , confusa,  indefensa, temerosa…  ciega. Antes de ponerme en contacto contigo (me costó mucho tomar la decisión), por muchos libros de autoayuda que me leyera, sólo sentía que todo estaba perdido, que acabaría encamada con unas depresiones de caballo, enterrando la belleza de las pequeñas cosas. Sin embargo, aunque no está la batalla ganada y los pensamientos basura en ocasiones se me agolpan, he de seguir el lema de aquel idealista : “Hasta la victoria siempre”.   

Es cierto que mi innata tendencia a emocionarme o empatizar con los demás, ha hecho que a lo largo de mi vida los miembros de mi familia junto con sus alegrías y penas hayan tenido un peso muy fuerte en mi. Tal vez una carga desajustada. Además, ese halo heredado del que hablas encaja tan acertadamente con mi horfandad que de algún modo ha marcado mi existencia en tono de miserere. A mi padre eso no le hubiese gustado. Seguro. Era un vitalista despampanante.

Rebuscando entre mis apuntes y notas he encontrado pequeños escritos de hace  10 años por lo menos, en los que, curiosamente, me regocijo con los mismos temas de hoy en día. Creo que ya va siendo hora de ponerle otra banda sonora a ésta mi historia. Tengo motivos para hacerlo y de los que enorgullecerme.

Sí, creo que hay margen de mejora. Quiero mejorarlo, a poder ser de tu mano por si me pierdo en alguna parada. La terapia me ayuda a escucharme.  

Voy a reposar todo esto, encarar el nuevo curso y ver como va la ansiedad. No pretendo recuperar a la Edurne anterior al oscurantismo pero sí a la que hoy soy en verdad. Puedo, ¿verdad?

Es curioso el ser humano, las vueltas que da la mente. Me abruma el misterio que lo envuelve.


Un abrazo,

Edurne

2 comentarios:

  1. Ola Pablo. conocerte fue algo mágico que mi mente aturdida necesitaba una migaja de sueños para comenzar esa nueva vida que todos necesitamos. Sin prisas andamos por los caminos y ves que todo es mas sencillo cuando dejas en liberad a los sentimientos los que en cadena destapan lo mas profundo del ser humano.
    La fe dicen que mueve montañas y el valor de una vida esta en función de quererla vivir a tope y sin cautela... Solo vida es lo que vi en los encuentros con vosotros y vida sin cautela a lo grande sino no es tal vida.
    Os mando esta carta. Este proceso que me ha hecho vivir o revivir de las cenizas de mi cuerpo y gracias a la presencia de seres que se entregan a salvar vidas y sin grandes espavientos y con sueldos de miseria para la labor que desempeñan: salvar vidas.
    Desde la oscuridad de un quiromancia, pero sin miedo y con la sonrisa del momento me puse en manos de estos maestros de las letras, de los versos para que salvasen mi cuerpo.
    ¿Es posible encontrar el equilibrio a pesar de los años? Yo digo que si, pero no desde el sofá de tu casa calentito, sino caminando y rozando tu cuerpo por las zarzas de los caminos.
    Un saludo y gracias por vuestra labor
    Antonio

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  2. DESDE LA CIUDADELA DEL HOSPITAL DE GALGAKAO
    La noche me despertó entre tinieblas. Buscaba mi alma y mi corazón latía. Mientras la luz me devolvía a la vida y mi cuerpo remoloneaba entre las sábanas blancas, muy blancas, acompañando a mis ojos que miraban los cordeles que sujetaban troncos muy finos los que alimentaban mi cuerpo, reponiéndolo del mal, que lo acechaba en su invierno. La mente se apoderó de mi cuerpo y mis ojos deslumbraron congruente la esperanza, mientras seres que sonríen, me cobijan y respetan con efusiva sonrisa que se filtra en mi alma y la hace placentera.
    Las trompetas de la claridad denotan sus tañidos cual campanas acuciando la sabana. Las tinieblas se disipan y la luz se acelera, dando alas a mis dedos y fuerza y firmeza a mis sentimientos que fluyen sin censura por el canal abierto de mi alma.
    La nueva aurora me hizo saltar de mi cama y recorro los pasillos de la casa encantada donde Las hadas, los Duendes, los Silfos me acompañan trenzando su sabia en las palabras las que el ser humano desprecia.
    La magia se filtra por las paredes de mi alma y contemplo un enjambre de almas; cuerpos que no se detienen dándolo todo para rescatar nuestros cuerpos de la nada, descolocados e indefensos que ellos reponen y zurcen con su hilo prodigioso envuelto en sonrisa clara. Sonrisa trasparente, de ojos que dan luz a tu alma. Me introduje por ellos y rebusqué en sus corazones su sonrisa expandida por todo su cuerpo mientras trajinan sin tiempo de reposo por unas migajas de monedas; sueldos repletos de agonía ¡por salvar vidas humanas!
    -¿Pero qué es lo que hacen para recibir tan paupérrimos sueldos?
    Le decía la luna al sol que a ella la desplazaba; el sol le contestaba:
    – Solo salvar cuerpos que, dicen, llevan un alma.
    Mientras las calles se llenan de gentío de cuerpos que no sueñan, pero lo hacen en lo vacuo, en lo vacío en lo innecesario… mientras, siguen vivos amasando fortunas dejando más pobres y desheredados para ser los más poderosos más ricos en el cementerio, junto a su vecino que fue rico solo en sus ideas.
    Amasar fortunas, para ser más ricos a costa del pobre, que sueña aun estando su cuerpo vacío por la miseria que ellos provocan.
    Mientras, en la Ciudadela donde nos reponen los cuerpos, nos donan la vida, dan luz a nuestro organismo, su recompensa es sueldos de miseria. Pero su entrega absoluta, su profesionalidad, ya no nos sorprende, que son de otra calidad. Respetan la vida que entra por sus puertas, gentes que sonríen ante el dolor y la tristeza.
    Me sumerjo en el país de los sueños y veo en ellos otra sociedad, otra forma de vida, de sueños que sueñan; de seres que viven y aman su vida y la de los demás. Aunque alguna se les escapa entre los dedos, entonces se rompe su sonrisa y buscan la brisa del aire y del fuego.
    Sanidad publica, la que no interesa, la ramera de esta sociedad de la nada, donde prevalece e impera el poder, la censura en sus plazas y sus calles se plagan de miserias humanas.
    Sanidad publica ¡no nos abandones ni de noche ni de día; se siempre nuestra compañera! Porque te queremos más que a la privada. Porque tú nos mimas con tus profesionales, nos devuelves a la vida, y no revisas las cuentas de los bancos, esas que nos obligan a tener para poder comer cada día, para cobrarnos hasta la saliva.
    Hoy ha amanecido y el sol brilla en los cristales de mi cuerpo, miro a los pinares que nos rodean y sonrío a la vida. Mi mente se destapa llena de palabras aupando nuevos sueños y gracias a seres como “El cirujano y todo su equipo” ¡toda la plantilla de la cuarta planta! repleta de corazones con su generosa entrega, recupero otra vez las palabras para agradecer a mujeres y hombre, que pululan por los pasillos abriendo y cerrando puertas cuando los necesitas, para reponernos y volvernos a la vida.
    Gracias Ángeles humanitarios donde no corren por vuestras manos “Sobres amaestrados” Esos que a los poderosos se les pegan en su codicia, defendiendo lo privado, olvidándose de los seres humanos que hasta el techo les han quitado.
    03/12/16
    molinaantonio.com

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