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domingo, 22 de enero de 2017

El vivir descafeinado: apatía versus tener ganas

El vivir descafeinado
Hace unas semanas me volví a encontrar con Goio. Lo conozco desde que yo tenía 16 años y viví con él una época en la que las cosas se ponían difíciles muy a menudo pero que, a la vez, las enfrentábamos como si todo fuera posible. Eramos montañeros de pocos recursos económicos pero esto no nos dejaba en casa. Intentábamos cambiar nuestro mundo desde la implicación en asociaciones e iniciativas de nuestro barrio. Teníamos el amor como bandera y debatíamos con pasión sobre fidelidad y relaciones abiertas. Experiencias, en definitiva, que nos unieron por compartir la huella de una manera concreta de vivir.

Más de 30 años después nuestro encuentro sirvió para seguirnos preguntándonos cosas. En realidad tanto la inquietud, el afán de saber y el espíritu crítico siempre formaron parte del ADN que compartimos. Os dejo algunas de las reflexiones que surgieron de manera espontánea inspirados por un café y una cerveza:

- Hay un gran negocio hoy en día en ofrecer el cambio para que nada cambie. Observamos con asombro un mercadeo orientado a despistar aun más a los despistados y, a la vez, sacarles dinero. Alimentos que no nutren, bebidas que no hidratan, cervezas sin alcohol, cremas que prometen a los que no serán como los de la publicidad, un ejercito de coach en un mundo cada vez menos crítico y más insatisfecho. En definitiva una gran apariencia de posibilidad de cambiar y poco cambio. En Zurbaran, mi barrio, a eso le llamábamos el opio del pueblo. Por contra los espacios donde sería necesario aportar recursos que generen cambio no reciben ofertas, pensemos en lo comunitario (en lo que es de todos pero casi no hay quien se ocupe de ello), en los vulnerables. Pero, claro, estos no pueden comprar...

- ¿Qué hace que salgamos de la apatía, de la comodidad y vivamos con ganas? Goio sabe que estoy metido hasta el fondo en la temática emocional. De hecho, nos ha acompañado en más de una ocasión en iniciativas de este espacio. Cuando éramos jóvenes hablábamos de "atocinamiento" como ese proceso por el cual alguien perdía la inquietud de saber lo ignorado y de atravesar las fronteras de lo desconocido. Podríamos decir que se parece mucho al concepto de apatía. Goio me decía que con mas de 50, tres hijos, una hipoteca, un trabajo estable y una pareja desde hace muchos años el sentía muchas veces haber perdido las ganas, la motivación.

Hay dos señales emocionales que me alarman especialmente. Una de ellas es la falta de ilusión y la otra la apatía, y ambas son caras de una misma moneda. ¿Cómo llenarse de ganas, incluso pasados los 50? Creo que la clave es la conexión. Un concepto que es más pragmático que el del "sentido" de Frankl o el de "flow" de Csikszentmihalyi. Recuerdo muy bien una serie de ejercicios que vi hacer a Joao Pedro Correira en Kilkis. Trataban de conectar a unos actores para trabajar juntos. Al igual que en Grecia, en Zurbaran la clave era la conexión colectiva que nos permitió descubrimos a nosotros mismos, es decir, conectar individualmente. Otras veces la dirección de la conexión es justo al revés y es mi conexión conmigo mismo la que activa conexiones colectivas. Creo que la clave está en este juego de equilibrios entre ser honesto con uno mismo, conocer sus fortalezas y pasiones, con estar conectado con una colectividad que te permita a su vez conectar mejor contigo mismo. Supongo que si hay una esencia de las "ganas" o de la motivación intrínseca no andará muy lejos de esto.

Goio siempre un placer, siempre estimulante, siempre agitador... Hasta el próximo encuentro!!!

martes, 3 de enero de 2017

Pasar de lo negativo a lo positivo

Hace unos meses publiqué un post sobre la importancia de la actitud positiva ante la vida como una herramienta inteligente con la que enfrentar problemas y conflictos. Lo que tiene esto de escribir en formato breve es que siempre quedan cosas en el tintero. Hoy saldrán a pasear por estas líneas algunas de las que con más fuerza han gritado para hacerse un hueco.

La idea es hablar de cómo pasar de lo emocionalidad negativa a la positiva. Y hacerlo desde la experiencia tanto de acompañar a personas en ese camino como de mi propia vida.

Prerequisitos, preparando la maleta.

Pasar de lo negativo a lo positivo
Hay cosas que uno tiene que hacer antes de viajar, por ejemplo la maleta. De la misma forma el pasar de lo negativo a lo positivo precisa que se den una serie de condiciones para
suceder.

Deseo y/o ganas. A veces olvidamos lo esencial. Para recorrer un camino hay que querer hacerlo y hay que encontrar el momento para ello. Lo negativo requiere su tiempo y su espacio para ser procesado adecuadamente. ¿Cuanto tiempo? Esto puede ser materia para otro post pero indudablemente hace falta digerirlo, asumirlo, aceptarlo, encajarlo, en definitiva hacer algo con ello. También pasa que hay personas que se sienten bien en lo negativo (me lo apunto para próximas ediciones en el blog) y que no desean salir de ese espacio porque obtienen algunos beneficios que no quieren perder. "La loca del muelle de San Blas" es un poético ejemplo en el que, es verdad, interviene la locura. Incluso hay ocasiones en que es la necesidad la que te impulsa en este camino tal y como explicaba Viktor Frankl.

Fuerza. Uno de los efectos de la negatividad es el consumo de energía vital. Por una parte es necesaria para recuperarse de los reveses, por otra parte nos activa emocionalmente con el gasto que ello supone, y para finalizar nos dificulta la tarea de concentrar energía. Algunos ejemplos. A uno le puede gustar correr, pero justo después de terminar una maratón hace falta recuperar. La intensidad de  una pérdida importante consume energía, esto supone que tareas cotidianas pueden resultar más costosas. Y el tercer ejemplo, estar nervioso ante un examen me impide recordar datos con la agilidad normal o me hace ser más torpe en tareas que habitualmente realizo correctamente.

El viaje del Ave Fenix.

En el fondo de lo que hablamos es de reconstruirse, de reinventarse, de rehacerse, de recuperarse. Pero tal vez este viaje no solo pueda describirse con esos verbos. Tal vez haya que hablar también de la posibilidad de crecer, de mejorar, tal y como nos muestra la evidencia científica, sobre resiliencia. ¿Cual es el mapa que usar? Y dentro de éste ¿cual es el trayecto a elegir?

Mapa. No hay otro que el de la realidad. Pero, cuidado... La realidad vista desde el punto de vista más objetivo, más amplio. Un mapa en el que quede impreso tanto la adversidad a la que nos enfrentamos como nuestros apoyos para hacerlo. Una realidad que exprese el camino hecho, sin censura, que incluya las autopistas de la satisfacción y el orgullo y las zonas en las que hubo que hacer camino. La intensidad emocional tiende a alejarnos de una parte de nuestra realidad puesto que amplifica parte de lo que nos rodea. No hay mejor herramienta que un mapa detallado y una brújula que nos oriente dentro de su inmensidad.

Brújula. La dirección que seguir es la de mejorar, la de recuperarse. La inteligencia, para mi, implica necesariamente la positividad. Esto implica que por muchas razones que se pueda tener para quedarse en el terrero de la pérdida y/o del dolor lo sano supone seguir con la vida, no pararse, no estancarse. Por ello nuestra brújula debe indicar el bienestar. Y la demostración de que avanzamos es estar más cerca de la meta.

Itinerario. ¿Como se llega? Es evidente que cada uno debe descubrir su propio camino pero si es verdad que podemos aportar algunas recomendaciones:
- Ponerse en marcha. Dificilmente se llega a ningún lado sentado.
- Dibujar una meta en el horizonte y encaminarse hacia ella. Si no tenemos metas tan voluminosas nos valdrán los objetivos diarios, los pasos en los que me voy a centrar hoy.
- Ir acompañado. La mayoría de los viajes son más entretenidos y seguros cuando se comparten con otros.
- Aceptar e integrar lo negativo como propio de nuestro camino y, en paralelo, desear llegar a nuevos lugares en los que puede que nos encontremos mejor.

Coraje y paciencia. No hay cambio sin esfuerzo, sin insistencia, sin lucha. Muchas veces el camino no es claro pero se trata de seguir avanzando. Teniendo mapa, brújula y ruta solo resta la determinación confiada combinada, a veces, con la espera a que el camino se despeje o la espesura se abra.

Creo que nos pasamos la vida haciendo trayectos más o menos cortos que nos llevan de lo negativo a lo positivo y viceversa, básicamente porque la vida es diversa y con ella nuestra forma de posicionarnos ante ella. Interpretamos la realidad como favorable y/o desfavorable cuando, a veces, solo es facilitadora o obstaculizadora de nuestros deseos. Es decir, interpretamos la vida y le asignamos una polaridad cuando muchas veces ésta no es mas que una proyección de nuestra voluntad. La verdadera positividad o negatividad de la vida requiere de perspectiva para ser descubierta porque de lo contrario equivocarse es lo más fácil.



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